A medida que se inicia el año 2026, las proyecciones económicas generan expectación y preocupación. La renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se perfila como un tema central. Sin embargo, la incertidumbre prevalece; actualmente no hay indicios concretos de que estas negociaciones avancen exitosamente. La situación de México, marcado por múltiples frentes abiertos, debilita su posición y podría llevar a la formación de dos tratados bilaterales en lugar de uno que una a las tres naciones.
Junto a este proceso de renegociación, existen tres temas que se presentan como obstáculos persistentes. En primer lugar, la inversión privada sigue estancada a pesar de los esfuerzos gubernamentales a través de iniciativas como el Plan México y el Consejo para la Promoción de las Inversiones. Desde hace años, el capital no logra reaccionar. Las razones son claras: la falta de una reforma judicial efectiva, la ausencia de un estado de derecho sólido, el clima de inseguridad y la erosión institucional han sido los factores determinantes que han inhibido tanto la inversión como el crecimiento.
En el segundo plano, el “ruido” político no se disipa. El partido Morena insiste en impulsar reformas al Instituto Nacional Electoral (INE), lo que podría consolidar un régimen autoritario. Además, la agenda política se cargará en 2026 con la preparación de elecciones intermedias para 2027, múltiples procesos de revocación de mandato y la segunda parte de la elección judicial.
Las expectativas para el Producto Interno Bruto (PIB) se mantienen modestas, con un crecimiento proyectado de alrededor del 1.3% para el año. Esta cifra contrasta con la tasa de solo 0.4% registrada en 2025, lo que indica un promedio de 0.9% entre ambos años, coincidiendo con el promedio más bajo en el último sexenio. En este contexto, la inflación también parece no dar signos de mejora, pronosticándose una tasa del 3.9%, ligeramente superior a la del año anterior, lo que suscita dudas sobre la capacidad del Banco de México para gestionar la situación.
En resumen, el año 2026 se perfila como un periodo en el que la economía mexicana continuará enfrentando desafíos de mediocridad. Los problemas estructurales —como las pensiones, el gasto social, la salud, la educación, la informalidad, la productividad y la infraestructura— siguen sin abordarse de manera efectiva. Al mismo tiempo, los problemas coyunturales como la inflación o la necesidad de mejorar el sistema tributario y la eficiencia gubernamental permanecen sin solución. Se inicia así un octavo año en una crisis crónica, en gran medida atribuible a políticas públicas erradas.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


