En el marco de la próxima Copa del Mundo 2026, que se llevará a cabo del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México, Human Rights Watch (HRW) ha hecho un llamado urgente a la FIFA para que presione al gobierno estadounidense y establezca una “tregua del ICE” durante el torneo. Esta tregua implicaría la garantía de que no se realizarán operaciones de control migratorio en los recintos deportivos donde se desarrollarán los partidos.
La Copa del Mundo de 2026 marcará un hito histórico al contar con la participación de 48 equipos, convirtiéndose en uno de los eventos deportivos más grandiosos y esperados en la historia. Sin embargo, la preocupación por las políticas migratorias de Estados Unidos, particularmente bajo la administración del expresidente Donald Trump, ha levantado una sombra sobre este prestigioso evento. Durante su mandato, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) fue conocido por su enfoque estricto hacia la inmigración y las deportaciones, generando un ambiente de miedo y exclusión para muchas comunidades, en especial para los grupos minoritarios.
HRW ha denunciado que las medidas implementadas durante este período no solo han llevado a violaciones de derechos fundamentales, como la libertad de expresión, sino que también han creado un entorno inseguro que podría afectar a deportistas, aficionados y trabajadores durante el Mundial. “La FIFA debe actuar con urgencia para abordar los riesgos de abusos contra los derechos humanos”, afirmaron desde la organización, sugiriendo que el organismo rector del fútbol utilice su influencia para persuadir a la administración estadounidense de poner en práctica esta tregua.
La propuesta de la “tregua del ICE” se inspira en la tradición de la “tregua olímpica” de la antigua Grecia, donde durante los Juegos Olímpicos se suspendían las hostilidades para permitir un ambiente seguro para los atletas. Según HRW, es fundamental que la FIFA defienda estos principios al exigir la protección de los derechos de los niños, garantizar la libertad de reunión y expresión, y eliminar restricciones de viaje que pudieran discriminar a ciertos grupos.
Mientras tanto, la Casa Blanca ha manifestado su compromiso de que la Copa del Mundo sea una experiencia segura para todos los aficionados y visitantes, a pesar de las advertencias de varios grupos activistas sobre posibles detenciones arbitrarias y abusos contra los derechos humanos que podrían enfrentar quienes viajen a Estados Unidos para el evento.
HRW ha expuesto que las preocupaciones han crecido, señalando que aficionados, periodistas y otros visitantes podrían enfrentarse a discriminación racial y revisiones intrusivas de sus dispositivos electrónicos. Esta situación se agrava al considerar que el torneo ha comenzado a distanciarse de la promesa de ser un evento “seguro, libre e inclusivo”, una declaración que fue hecha por Amnistía Internacional.
En el contexto actual, la FIFA debe reconocer la crítica intensificada sobre su papel y responsabilidad en la promoción de la inclusión y el respeto a los derechos humanos durante este torneo que unirá a millones de aficionados de todo el mundo. La presión sobre las autoridades estadounidenses para establecer una “tregua del ICE” podría ser un paso trascendental no solo para el éxito del Mundial, sino también para la salvaguarda de los derechos fundamentales de quienes asistan al evento.
Con la espectativa creciente, el tiempo es esencial para que la FIFA actúe y garantice que la celebración del fútbol no se vea eclipsada por un ambiente de exclusión y temor.
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