Las instalaciones petroleras de Saudi Aramco en Jizan, al suroeste de Arabia Saudita y cerca de la frontera con Yemen, fueron blanco de un nuevo ataque el 7 de septiembre de 2026. Este incidente ocurre apenas un mes después de otro, que ya había provocado interrupciones temporales en la producción de esta clave refinería. Según fuentes al tanto de lo sucedido, la magnitud del ataque reciente es comparable a la del episodio anterior, lo que ha llevado a las autoridades a evaluar rápidamente los daños.
El medio de comunicación hutí Ansarollah, respaldado por Irán, confirmó los ataques, indicando que “drones y misiles yemeníes bombardearon al enemigo saudí”. Además, se mencionó un ataque al aeropuerto internacional de Abha y a la base aérea Rey Khalid. Sin embargo, hasta el momento, no ha habido una reivindicación explícita de responsabilidad sobre el asalto reciente a las instalaciones de Saudi Aramco.
La ciudad de Jizan, que se ha convertido en un punto industrial estratégico, alberga una refinería con una capacidad de 400,000 barriles diarios y ha sido objetivo repetido de los hutíes en el pasado. Esta región tuvo un papel crucial en las exportaciones saudíes durante los primeros meses del conflicto entre Estados Unidos e Irán, aprovechando el caos que causaron las restricciones en el tráfico de petróleo. Sin embargo, en agosto, no se registraron exportaciones desde Jizan debido al aumento de los ataques hutíes.
La escalada de la violencia coincide con una nueva fase en el conflicto de Yemen, donde Arabia Saudita, al frente de una coalición árabe, intervino en 2015 tras la toma de Saná por los hutíes. Hasta julio de 2026, el conflicto había creado un respiro con un alto el fuego, pero los recientes ataques han cambiado drásticamente la situación. Los combates también han desplazado a miles de personas y han conducido a un incremento significativo en las hostilidades, que se han intensificado en toda la costa del Mar Rojo.
Frente a este panorama, Amin Nasser, CEO de Saudi Aramco, había indicado recientemente que los ataques previos habían ocasionado algunas interrupciones en la producción, aunque no afectaron considerablemente la operativa ni las finanzas de la compañía. A pesar de estos ataques, los hutíes han amenazado con cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb, un paso marítimo vital para el comercio internacional, en un esfuerzo por expandir su influencia en la región.
Con cada nuevo ataque, el conflicto en Yemen parece estar alcanzando nuevas cúspides de violencia, reflejando la volatilidad que caracteriza a la región en un momento crítico para la seguridad energética y las rutas comerciales globales.
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