La inteligencia artificial (IA), herramienta poderosa en la era digital, refleja las complejidades de nuestra sociedad y, desafortunadamente, también sus sesgos. A la pregunta de si la IA es machista, la respuesta es clara: sí, puede comportarse de manera machista, perpetuando desigualdades de género presentes en los datos con los que ha sido entrenada. A pesar de su aparente objetividad, investigaciones han demostrado que estos sistemas no son neutros; son un reflejo de los prejuicios y estereotipos del mundo humano. Sin embargo, es posible corregir estos sesgos y utilizar la IA para promover la igualdad.
Un estudio de Harvard revela que los modelos de lenguaje a menudo reflejan las tendencias de los individuos WEIRD—es decir, aquellos que son occidentales, educados, industrializados, ricos y demócratas. Además, un análisis reciente de la Universidad de Los Andes y la firma Quantil en Colombia muestra que los sesgos también se reproducen en español, confirmando que la herencia cultural y lingüística influye en las respuestas generadas por la IA.
Brigitte Brousset, CEO de una startup mexicana de IA llamada GOW, argumenta que el uso de sistemas no sesgados puede ayudar a que el género no sea un factor excluyente en el acceso a financiamiento. Esto es crucial, ya que en el ámbito económico y financiero, las brechas de género son marcadas. En México, las mujeres ganan, en promedio, un 20% menos que los hombres, y esta cifra es ligeramente superior al promedio de 17% en América Latina, según datos compilados por reportes de BBVA y la CEPAL. Por otro lado, el acceso de las mujeres a productos bancarios es limitado; solo el 34% tiene una cuenta de retiro y apenas el 18% cuenta con un seguro.
Estas desigualdades generan una mayor vulnerabilidad económica, exacerbada por la informalidad laboral que afecta desproporcionadamente a las mujeres. A pesar de los esfuerzos para cambiar estas dinámicas, persisten barreras culturales que afectan la percepción del rol de las mujeres en el trabajo; el 53,2% de la población cree que trabajar afecta negativamente a los hijos de las mujeres, un porcentaje alarmantemente alto según la OCDE.
La responsabilidad de la IA no se limita a su entrenamiento inicial. Según Brousset, es vital revisar periódicamente los modelos que se utilizan en el sector financiero para asegurarse de que no amplifiquen sesgos existentes. La inclusión financiera implica no solo implementar la tecnología, sino también gobernarla de manera adecuada.
La IA opera a través de patrones en vastas cantidades de datos mediante el aprendizaje automático. Puede realizar predicciones y clasificar información, entre otras funciones, pero no tiene criterios propios para identificar inequidades, lo que subraya la importancia de la supervisión humana para crear herramientas verdaderamente imparciales.
Un ejemplo positivo en este contexto es la fintech Kueski, que ha logrado la paridad entre sus clientes mediante el uso de IA. En el mercado, donde solo el 30% de las mujeres accede a crédito formal, Kueski ha encontrado que las mujeres, a menudo, presentan mejores historiales de pago y menores tasas de morosidad.
La brecha de financiamiento para las mujeres es significativa y se debe, en parte, a la percepción de que los hombres son quienes generan la riqueza. Lisset May, vicepresidenta senior de Ventas de una empresa tecnológica, menciona la necesidad de transformar este enfoque. En su firma, cerca de la mitad de los clientes son mujeres, lo cual también motiva una oferta más inclusiva en préstamos.
La inclusión económica de las mujeres no solo es fundamental para la equidad social, sino también para el crecimiento productivo. Las mujeres que disfrutan de ingresos estables tienden a invertir más en educación, salud y nutrición, generando un efecto positivo que se transmite a las futuras generaciones. Además, su presencia en la toma de decisiones beneficia la perspectiva de la mitad de los posibles consumidores globales, ampliando la base de contribuyentes en la economía.
Finalmente, estudios sobre devoluciones fiscales revelan que las mujeres reciben, en promedio, 2,549 pesos menos que los hombres, lo que refleja que perciben menores ingresos y resultan en menos pagos impositivos, destacando otra faceta de la desigualdad en el ámbito fiscal.
Es claro que la inteligencia artificial tiene el potencial de ser una fuerza transformadora, pero su implementación debe ir acompañada de acciones que aseguren su imparcialidad, promoviendo así una inclusión real que beneficie a todos en el ámbito económico y más allá.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.
![[post_title]](https://columnadigital.com/wp-content/uploads/2026/03/IA-¿Aliada-o-perpetuadora-del-machismo-1024x570.png)

