El nerviosismo se apoderó el 23 de febrero de 2026 de los inversionistas en el mercado bursátil de Nueva York, afectado en gran medida por la creciente incertidumbre en torno a los efectos adversos que la inteligencia artificial (IA) podría tener en las empresas de software. Estas empresas, dedicadas a ofrecer soluciones para la gestión empresarial —desde proyectos hasta recursos humanos— empezaron a ver una caída significativa en sus valoraciones. El índice Dow Jones se desplomó un 1.7%, mientras que el Nasdaq registró una disminución del 1.13%.
El descenso fue particularmente pronuncido en las acciones de empresas del sector del software; muchas de ellas experimentaron caídas entre el 10% y el 13%. Este ambiente de venta masiva se extendió a los bancos de inversión y fondos de capital de riesgo, que en algún momento habían financiado estas firmas tecnológicas, resultando en pérdidas entre el 5% y el 9% en un solo día de operaciones.
Simultáneamente, la incertidumbre también se amplificó por la reciente derrota del expresidente Trump en la Suprema Corte de Estados Unidos, que lo llevó a anunciar nuevos aranceles. Este anuncio prometía añadir más volatilidad al mercado, mientras el precio del Bitcoin caía por debajo de los 65,000 dólares, un nivel que no alcanzaba desde octubre de 2024.
Uno de los catalizadores claves del nerviosismo fue un memo de Citrini Research titulado “The 2028 Global Intelligence Crisis”. Este documento presenta un sombrío panorama para el futuro, donde se conjugan la creciente adopción de la IA y sus repercusiones económicas. Aunque el documento no se presenta como una predicción, sino más bien un escenario posible, el análisis indica que en 2028 el desempleo podría superar el 10% en Estados Unidos y la bolsa podría experimentar una caída del 2% en la misma fecha.
El informe sugiere que a medida que las empresas adoptan la IA, el recorte de personal se vuelve una práctica común. Aunque esta optimización podría aumentar los márgenes de ganancia gracias a la reducción de costos laborales, también plantea un grave dilema: el 70% del PIB estadounidense se basa en el consumo doméstico. La disminución de salarios y los despidos masivos afectarían directamente el poder adquisitivo de los hogares, generando menos consumo.
Los trabajadores despedidos podrían recurrir a trabajos temporales como conductores de Uber o repartidores de UberEats, aunque estos puestos también están en riesgo ante la llegada de vehículos autónomos. Adicionalmente, la IA tiene el potencial de eliminar a muchos intermediarios en industrias diversas, desde agencias de viajes hasta agentes inmobiliarios, llevando a una disminución drástica en las comisiones y, por ende, en el valor de las empresas.
Este escenario inquietante, que se ha vuelto tema de discusión en múltiples círculos financieros, ha desatado un ciclo de venta masiva en el mercado accionario, con implicaciones que necesario seguir de cerca. La pregunta que queda en el aire es si el gobierno de México y otros países estarán navegando estos desafíos futuros con la anticipación que se requiere.
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