#Béisbol | Ian Plancarte es un joven con sordera profunda, lo que significa que sólo puede percibir sonidos muy fuertes. Sin embargo, ha encontrado en el béisbol una forma de desarrollar sus habilidades sociales, expresivas y deportivas. Su madre, Lucero Osornio, ha sido una figura clave en su desarrollo, llevándolo al diamante desde que era un niño pequeño y ayudándolo a convertirse en un talentoso catcher y jardinero de béisbol.
La historia de Ian es una prueba de que la discapacidad no tiene por qué limitar las capacidades de una persona y que con el apoyo adecuado y el interés por la actividad correcta, cualquier persona puede lograr grandes cosas. Ian ha demostrado ser un ejemplo de perseverancia y pasión por el béisbol, lo que ha llevado a su éxito en el campo de juego y ha inspirado a muchos otros a seguir sus sueños, a pesar de los obstáculos que puedan enfrentar.
“El beisbol es un deporte de señas y por eso se le facilitó a Ian. Además se juega en arcilla, rara vez, cuando no se pone de acuerdo con algún compañero, escribe lo que quiere expresar en el polvillo para que no deje dudas”, cuenta Lucero.
En México, según datos gubernamentales, hay unos 2.3 millones de personas con discapacidad auditiva. Una población con un alto grado de marginación educativa y laboral. Hay un gran porcentaje de sordos sin capacidad lectoescritura.
Ian tuvo acceso a la educación y atención especializada. Fue oralizado desde pequeño y aprendió el lenguaje mexicano de señas –explica su madre–, pero el beisbol le abrió las puertas para explorar otras formas de integración y comunicación.
Un pelotero normoyente, como se denomina a quien está dentro de los estándares comunes de audición, aprende a agudizar el oído en el diamante. El sonido del golpe a la pelota lo pone alerta sobre adónde enfocar la atención.
Ian, en cambio, tuvo que desarrollar una mayor agudeza visual. Lee el comportamiento de la pelota para saber adónde habrá acción.
“La comunicación entre el lanzador y el receptor es por medio de señas”, comenta doña Lucero; “así que fue muy fácil para él desarrollar esa posición”.
La experiencia de Ian en el beisbol ha sido con equipos de jugadores normoyentes. Pero su condición lo hace sensible a la marginación que sufren las personas con esta discapacidad, por lo que participa de manera muy activa en la formación de un equipo de personas con deficiencia auditiva.
No sólo tendrá la responsabilidad de comunicarse con el lanzador o de resguardar los jardines, sino además con un rol como entrenador que conoce los retos para alguien que nunca ha practicado este deporte y, además, carece de audición.
“Ian es un joven con mucha seguridad. Eso se lo debe a las herramientas que aprendió y le permitieron estudiar, hoy cursa la preparatoria y tiene una carrera técnica en bases de datos. Pero el beisbol fue unos de los canales que más le ayudaron a ser la persona que es hoy en día”, comenta Lucero.
Decía el legendario cronista Pedro Mago Septién que el beisbol es una telegrafía sin hilos. Y en el manejo de esos signos sin sonido, nadie los interpreta mejor que Ian Plancarte, el pelotero al que nadie le roba una base.


