México se enfrenta a un panorama intrigante en el ámbito de la inversión extranjera directa (IED) en la fabricación de equipo de cómputo, un sector que, a pesar de su relevancia, ha captado solo 508 millones de dólares en la última década, desde 2016 hasta 2025. Este dato resulta particularmente notable cuando se observa que, en el primer semestre de 2026, las llegadas de IED a esta industria alcanzaron 151 millones de dólares, lo que representa una disminución del 16.1% en comparación con el año anterior, de acuerdo con la Secretaría de Economía.
A pesar de esta disminución en la inversión, México se ha consolidado como un proveedor clave en el mercado estadounidense de equipamiento tecnológico. De enero a julio de 2026, el país logró una participación récord del 36.8% en las importaciones de equipo de cómputo hacia Estados Unidos, posicionándose como el principal proveedor externo con exportaciones por 90,834 millones de dólares, un impresionante aumento del 96.3% interanual.
Entre las grandes empresas que operan en México están Foxconn, Flex, Jabil, Inventec, Pegatron, Quanta Computer y Wistron. Estas compañías no solo producen componentes tecnológicos, sino que también se dedican a la fabricación de servidores, infraestructura de centros de datos y sistemas de redes. Sin embargo, no todo es dominio extranjero; marcas nacionales como Lanix, Vorago y GHIA también están haciendo su camino en el mercado. Lanix, por ejemplo, se dedica a la producción de computadoras y tablets en México, mientras que Vorago cuenta con una línea de ensamblaje en Jalisco.
Es innegable que la industria tecnológica mexicana está en un cruce de desafíos y oportunidades. La Casa Blanca ha identificado a México, junto con Canadá y la Unión Europea, como uno de los 40 países con un riesgo elevado de transbordo ilegal. Este problema ha generado preocupación y una posible medida de supervisión por parte de la Administración del expresidente Donald Trump, que, aunque no propuso nuevas acciones específicas, enfatizó la necesidad de evaluar continuamente el sistema arancelario y los problemas relacionados con los volúmenes de transbordo.
La voz de expertos, como Raúl Urteaga Trani, resuena con fuerza en el ámbito, sugiriendo que, dado el carácter estratégico del sector, es esencial aumentar significativamente los apoyos a las industrias de alta tecnología. Propuestas como el Programa de Apoyo para la Mejora Tecnológica de la Industria de Alta Tecnología podrían ser clave para fortalecer las capacidades de las empresas mexicanas y su cadena de suministros.
Además, el corredor de Guanajuato-Querétaro se perfila como un punto de tránsito crucial para la producción de motores y componentes eléctricos, lo que puede crear una presión adicional sobre industrias tradicionales en Estados Unidos, particularmente en Detroit.
A medida que México continúa consolidándose como un protagonista en la manufactura de tecnología, persiste la interrogante sobre cómo se adaptará el país a las dinámicas cambiantes del comercio internacional y qué inversiones se necesitarán para sostener su crecimiento en este sector en evolución. La historia de la inversión en equipo de cómputo es solo un capítulo en un libro que sigue escribiéndose con oportunidades y desafíos constantes.
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