La situación de la ganadería mexicana se ha vuelto crítica tras la reciente decisión de Estados Unidos de cerrar por tercera vez la frontera a la exportación de ganado proveniente del país. La Unión Ganadera Regional del estado de Coahuila ha calificado esta medida como un “duro golpe, inesperado, desafortunado y profundamente preocupante”. La decisión fue anunciada el 9 de julio de 2025 por la secretaria de Agricultura estadounidense, Brooke L. Rollins, y fue impulsada tras la detección de un nuevo caso de gusano barrenador en Veracruz, un problema que ha causado estragos en la industria ganadera.
Este cierre representa una interrupción inmediata del flujo de becerros, que tienen al mercado estadounidense como uno de sus principales destinos. Es un momento difícil para los productores, quienes se enfrentan a una serie de complicaciones en términos de logística y economía. En tan solo ocho meses, el cierre de fronteras se ha repetido en tres ocasiones, lo que ha elevado las alertas dentro del sector ganadero.
El más reciente cierre ocurrió apenas tres días después de que se restableciera el tránsito, un periodo durante el cual se enviaron 900 cabezas de ganado a Estados Unidos, según el secretario de Agricultura de México, Julio Berdegué. La preocupación entre los ganaderos ha crecido exponencialmente, llevando a la Unión Ganadera de Coahuila a emprender un análisis exhaustivo de la situación en cada zona productora del estado. Su objetivo es evaluar el impacto real de esta nueva contingencia y trabajar en soluciones inmediatas para mitigar las repercusiones.
En un comunicado oficial, el Consejo Directivo de la Unión destacó la importancia de actuar con responsabilidad, visión económica y unidad gremial, sugiriendo que durante esta crisis se elaborarán estrategias a corto plazo para ayudar a las asociaciones ganaderas de la región. Esta respuesta proactiva es esencial en un momento en el que se prevén consecuencias económicas y logísticas significativas.
Este nuevo cierre, consecuencia del brote en Veracruz, se suma a una serie de desafíos que ya estaban impactando a los ganaderos mexicanos, quienes han experimentado un goteo constante de restricciones que han afectado su viabilidad económica. La situación es un reflejo de la incertidumbre en el sector, donde la unidad, la información oportuna y la toma de decisiones pragmáticas se convierten en herramientas clave para navegar por esta complicada etapa en la ganadería de México.
Mientras tanto, se espera que la situación evolucione, y los ganaderos continúan buscando alternativas para enfrentar esta adversidad. Solo el tiempo permitirá vislumbrar el impacto total de estas decisiones en la producción ganadera del país y su capacidad para recuperarse de este golpe inesperado, donde las decisiones de hoy determinarán el futuro del sector.
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