El pasado 24 de junio de 2026, la Plaza de Alicante fue testigo de un evento destacado en el mundo taurino, enmarcado en la sexta jornada de la feria. Bajo un cielo que prometía emoción, el aforo se llenó con 7,947 espectadores, ansiosos por disfrutar de dos figuras del toreo: Manuel Jesús ‘El Cid’ y Manuel Escribano, junto a José María Manzanares.
La corrida presentó la bravura de los toros de Victorino Martín, conocidos por su correcta presentación y comportamiento en la plaza. Desde el primero al sexto, los toros demostraron fijeza, humillación y nobleza, mientras que el tercero se llevó la ovación del público al dar la vuelta al ruedo, evidenciando la calidad de la ganadería.
El Cid inició su jornada con una actuación que destacó por su paciencia; un despliegue de maestría en el arte de torear que cautivó al público. Aunque su primera tanda no fue completa, una vez que se estableció el ritmo con el toro, los muletazos fluyeron con una lentitud contemplativa y una profundidad notable. Sin embargo, la espada jugó un papel decepcionante, frustrando lo que pudo haber sido un triunfo rotundo. A pesar del reconocimiento del público, la ovación final supo a poco para la labor realizada.
José María Manzanares, por su parte, tuvo un espectáculo digno de mención, logrando cortar una oreja con una estocada que suscitó admiración, aunque también enfrentó desafíos con su segunda actuación, donde los descabellos marcaron un ritmo diferente a su presentación.
Manuel Escribano culminó su participación con una exitosa corrida, logrando dos orejas. Su destreza se destacó a lo largo de la tarde, aunque la falta de precisión con la espada en su primer toro requirió de varios avisos antes de que pudiera completar la faena.
Al finalizar la jornada, tanto El Cid como Escribano salieron a hombros por la puerta grande de la plaza, ganándose el reconocimiento del público presente. Con esta actuación, el evento no solo reafirma la relevancia de estos toreros en el circuito, sino que también resalta la magnitud de la corrida en una fecha señalada en el calendario taurino.
Este tipo de eventos subraya la importancia del arte del toreo en la cultura española, un espectáculo en el que la habilidad, la paciencia y la dedicación se conjugan en una danza entre hombres y toros, donde cada jornada ofrece una nueva historia que contar.
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