Por Lya Gutiérrez Quintanilla
Fíjense, queridos lectores, que ahora sí en esta tercera parte del histórico asunto de los manifiestos zapatistas, si tienen la oportunidad de leer con atención alguno de los que emitió a lo largo de los 8 años que duró Emiliano Zapata en su lucha por reivindicar a las poblaciones y sectores más desprotegidos de México, podrán comprender a la parte derrotada en la contienda armada que siguió a la caída de Porfirio Díaz.
El primer Manifiesto conocido que firmó el general Zapata fue el del 26 de octubre de 1915, dos años y medio después de que Victoriano Huerta ordenara el asesinato del Presidente Madero y de su hermano Gustavo. Compuesto de tres cuartillas, ese Manifiesto fue descubierto por el periodista, escritor e historiador de Cuautla, Morelos, Mario Casasús (1980-2022), a principios del siglo XXI cuando Elvira Pruneda, la restauradora y conservadora de material gráfico del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Morelos, trabajaba en las nueve cajas del archivo de Francisco Franco Salazar, primo hermano del Caudillo del Sur y al que tuvo acceso Elvira gracias al experto del tema de Zapata, don Lucino Luna oriundo, al igual que Franco y que Zapata, de Anenecuilco y a la amplia entrevista que le hizo Elvira Pruneda a doña Esperanza Franco, hija de Chico Franco, al que el mismo Zapata le dió la misión de resguardar los históricos papeles primordiales de Anenecuilco.
Así es que Casasús lo encontró traspapelado, entre los papeles que trabajaba Elvira y tuvo la oportunidad de cotejarlo con el mecanuscrito (escrito a máquina), ubicado en el Fondo Gildardo Magaña de la UNAM. Gracias también al apoyo del historiador Francisco Pineda, de Laura Espejel y de la misma Elvira Pruneda. En aquel entonces Casasús explicó que de acuerdo a ese Manifiesto, desde ese entonces Emiliano Zapata comienza a plantear la redención de los indígenas y la libertad de cultos.
“Ese Manuscrito de 1915 es un documento visionario”, dijo en su momento, que merece ser estudiado a fondo”. Y si me permiten queridos lectores, opino, que cada uno de los manifiestos merecen ser estudiados, tanto en su versión en lengua náhuatl, como lo hizo en su momento el gran nahuatlato Miguel León Portilla, pero también en su versión en castellano. Qué curioso, ambos Manifiestos, el primero de 1915 y uno de los últimos, el del 25 de abril de 1918 que se encontraba en Londres, Inglaterra, fueron descubiertos tardíamente, ojalá aparezcan más documentos históricos de esta valía porque en ellos se leerán las decepciones revolucionarias a causa del accionar de los distintos personajes revolucionarios. Lo digo, porque, aunque en un principio Zapata apoyó a Madero con la esperanza de que pudiera ayudar a llevar a cabo las reformas agrarias por las que estaba luchando, Fco. I. Madero que en el discurso inicial parecía apoyar a Zapata, incluso le envió al general Manuel D. Asúnsolo en su apoyo en la toma de Cuernavaca y que aparentemente buscaba una gran reforma agraria, en los hechos no actuó de acuerdo a lo prometido. Cuando el Caudillo del Sur presentó las demandas de la causa agraria, como lo eran la devolución y distribución de tierras, a los campesinos, originales propietarios, a Madero no le interesó.
Por lo que Zapata, con una visión mucho más realista que la de Madero que incluso deja como Jefe del Ejército de México al porfiriano Victoriano Huerta que 15 meses después de ser nombrado por Madero, ordenaría su asesinato, advierte desde entonces Zapata, la imperiosa necesidad de comunicarse con los mexicanos y al mismo tiempo de hacer partícipe a los distintos jefes revolucionarios de los objetivos de su lucha, para que de común acuerdo con todos, surgiera el gobierno revolucionario.
Este postulado se incluye en los artículos 12 y 13 del Plan de Ayala, ese otro gran documento desconocido también por la mayoría de los mexicanos, con el que Zapata que por primera vez se alzara el 11 de marzo de 1911 contra Porfirio Díaz por su apoyo a los hacendados morelenses, la segunda se vuelve a pronunciar contra el gobierno maderista en noviembre del mismo año de 1911 pero ya con su proyecto de nación en las manos: El Plan de Ayala. Ese documento al igual que el Manifiesto del 25 de abril de 1918 se encuentran olvidados por casi todo México.
El presidente Fco. I. Madero, que sin embargo fue quien abrió las puertas para el levantamiento de las distintas facciones que participarían a lo largo de una década de lucha armada y que fue quien devolvió la libertad de expresión tan perseguida por Díaz, no supo ni pudo escuchar a las distintas voces de México, que un hombre como el general Emiliano Zapata, si lo supo hacer.
Así, con esas ganas de comunicarse con todo México y de tomar en cuenta a todas las facciones, nacieron los Manifiestos de Zapata a los mexicanos.
Y hasta el próximo lunes.
La nota precedente contiene información del siguiente origen y de nuestra área de redacción.


