La industria automotriz de Latinoamérica se enfrenta a un reto significativo en el camino hacia la modernización. Recientemente, los líderes del sector han indicado que los impuestos excesivos impuestos por los gobiernos están obstaculizando no solo las ventas, sino también el acceso de los ciudadanos a tecnologías más limpias y eficientes. En un entorno donde la innovación es crucial, estas cargas fiscales afectan directamente la renovación del parque vehicular, al obligar a los consumidores a conservar autos más viejos y contaminantes o alienta el comercio informal.
Durante el reciente Congreso Latinoamericano Automotriz (CLAM) 2026, realizado en Ecuador, las principales asociaciones del ámbito automotriz mexicano —como la AMDA, AMIA y ANPACT— se unieron para firmar la Declaración de Quito. Este acuerdo propone la implementación de políticas fiscales más flexibles, buscando un diálogo coordinado para fomentar el crecimiento del sector. Un aspecto central de esta declaración es el reconocimiento de la presión fiscal que históricamente ha lastrado a la industria en la región.
Una de las preocupaciones fundamentales radica en la distorsión en la tenencia de vehículos entre las diversas entidades federativas de México, donde impuestos como el ISAN gravan a los automóviles como si fueran de lujo. Esta estructura fiscal no solo afecta a los consumidores, sino que también va en contra de los propios objetivos gubernamentales de formalización económica y sostenibilidad.
El enfoque del sector es claro: se requiere un régimen tributario que sea “razonable, coherente y predecible” para facilitar el acceso a vehículos con tecnologías avanzadas y de menor impacto ambiental. Las asociaciones enfatizan que una política fiscal adecuada puede contribuir significativamente al desarrollo económico y la movilidad sostenible en toda Latinoamérica.
En este sentido, la declaración reafirma la urgencia de trabajar en conjunto en contra de las prácticas comerciales desleales y la eliminación de barreras arancelarias que siguen siendo un obstáculo para el comercio en la región. La voz unificada de los líderes del sector automotriz resuena con la necesidad de transformar la manera en que se aborda la fiscalidad en la industria, garantizando así el progreso y la competitividad en un mercado global cada vez más desafiante.
La situación actual es un llamado a la acción para que los gobiernos reconsideren sus políticas fiscales, en beneficio no solo de la industria automotriz, sino también de la población, cuya capacidad de acceder a mejores tecnologías depende directamente de estas decisiones. A medida que la región avanza, será crucial encontrar un equilibrio que haga posible el crecimiento sostenible y el acceso a la modernidad.
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