En un reciente análisis presentado durante la 88 Convención Bancaria, los resultados de un estudio del CEEY arrojan luz sobre la crucial relación entre la inclusión financiera y la movilidad social en México. Basado en la Encuesta ESRU de Movilidad Social en México 2023, el informe evidencia que el origen familiar influye significativamente en la capacidad de las personas para ascender socialmente, destacando que la inclusión financiera, aunque ha mejorado, continúa siendo un factor heredado.
Los datos son contundentes: el número de personas incluidas financieramente ha crecido 2.5 veces en comparación con la generación anterior. Sin embargo, la situación es desalentadora para aquellos cuyos padres no tuvieron acceso a servicios financieros, ya que tienen siete veces menos probabilidades de estar incluidos en el mismo sistema. Este hallazgo revela una profunda disparidad: entre quienes provienen del 40% de hogares más pobres, solo el 13% de aquellos con padres incluidos financieramente logran ascender al 20% más alto de la escalera social, en comparación con un escaso 4% de entre aquellos cuyos padres carecen de inclusión.
Este fenómeno se vuelve aún más preocupante al considerar las diferencias de género. De acuerdo con el análisis, 22 de cada 100 hombres con padres incluidos financieramente logran ascender, frente a solo 7 de cada 100 mujeres en condiciones similares. Este déficit de 15 puntos porcentuales pone de manifiesto que la falta de inclusión financiera no solo afecta la movilidad social en general, sino que perpetúa desigualdades de género significativas en el acceso a oportunidades económicas.
Ante este panorama, Emilio Romano, nuevo presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM), ha tomado un firme compromiso. Su propuesta es clara: garantizar que cada individuo, independientemente de su trasfondo, encuentre en el sistema financiero un socio estratégico para forjar un futuro mejor. Romano subrayó la imperiosa necesidad de cerrar las brechas existentes, especialmente las que enfrentan las mujeres, prometiendo avanzar hacia la paridad en el acceso a servicios financieros.
El informe del CEEY deja en claro que la inclusión financiera no solo es un objetivo individual, sino que representa una oportunidad de crecimiento y desarrollo no solo para las personas afectadas, sino para todo el sistema financiero. Al abordar estas desigualdades, la industria no solo convertirá en clientes a un segmento aún no integrado, sino que también contribuirá a la construcción de una sociedad más equitativa y próspera.
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