Milán y Cortina d’Ampezzo han unido sus fuerzas en un evento sin precedentes: la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026. Esta edición se distingue por ser la primera en la historia que cuenta con dos pebeteros y se extiende a lo largo de un vasto territorio de 22.000 kilómetros cuadrados, abarcando no solo las dos ciudades anfitrionas, sino también localidades como Predazzo, Tesero, Anterselva, Bormio, Livigno y Verona, donde se llevará a cabo la ceremonia de clausura.
La apertura, realizada en el icónico estadio Giuseppe Meazza, más conocido como San Siro, fue un momento emotivo y memorable, ya que por primera vez deportistas de las mismas delegaciones desfilaban en diferentes ciudades. El evento estuvo cargado de homenaje a la cultura italiana, comenzando con una representación de la belleza artística, en honor al escultor Antonio Canova, exhibiendo bailarines estáticos que evocaban su famosa obra ‘Amor y Psique’.
El espectáculo continuó con la actriz Matilda De Angelis, quien, en una actuación magistral, sembló a los grandes compositores italianos Verdi, Puccini y Rossini, mientras que tres tubos de colores, representativos de la paleta primaria, flotaban majestuosamente sobre el escenario, sumando un toque vibrante a la ceremonia.
Con 61.000 asistentes en el estadio, la ceremonia fue un despliegue caótico y cautivador. La música se hizo presente por medio de la reconocida Mariah Carey, quien interpretó “Nel blu, dipinto di blu” en italiano, elevando aún más la euforia del público. Un tranvía, símbolo emblemático de Milán, transitó por las calles, iniciando un desfile de honores que culminó con la emoción palpable al ver al presidente italiano, Sergio Mattarella, y a la presidenta del Comité Olímpico Italiano, Kirsty Coventry, recibir aplausos de pie.
El homenaje a la moda italiana se manifestó con un desfile diseñado por Giorgio Armani, cuyas modelos lucieron colores vibrantes en un tributo a la bandera nacional. Laura Pausini interpretó con cariño el Himno Nacional, marcando un momento de unión entre todos los presentes.
A medida que la ceremonia avanzaba, se representó una danza que simbolizaba la fusión de la urbanidad de Milán con la tradicionalidad de Cortina d’Ampezzo. Este gesto delicado encarnó el espíritu de los Juegos Olímpicos, enfatizando la conexión entre los dos mundos.
Finalmente, la ceremonia culminó con el encendido de los dos pebeteros, llevados a cabo por legendarios esquiadores italianos Alberto Tomba y Sofia Goggia en diferentes localidades, sellando así el inicio oficial de estos Juegos Olímpicos que ya se vislumbran como históricos, no solo por la innovación en su organización, sino también por la profunda huella cultural y emocional que han dejado en la comunidad italiana y el mundo deportivo global.
Este evento, que tuvo lugar el 6 de febrero de 2026, ha quedado grabado en la historia, resonando no solo como una celebración del deporte, sino como un vibrante homenaje a la herencia cultural y artística de Italia.
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