La reciente balacera en la zona arqueológica de Teotihuacan ha conmocionado a la sociedad mexicana. El incidente, ocurrido la mañana del lunes, resultó en al menos cuatro personas lesionadas y dos fallecidas, un hecho que resalta la creciente inseguridad que acecha a sitios de gran valor cultural. José Vidal Dzul Tuyub, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Cultura, destaca que este suceso es un llamado urgente a la reflexión sobre las medidas de seguridad necesarias para proteger tanto a los visitantes como al patrimonio histórico.
Dzul Tuyub, quien ha sido custodio en Teotihuacan y ha trabajado en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sostiene que la falta de vigilancia y recursos ha convertido a lugares como Teotihuacan en potenciales blancos de violencia. En su opinión, es imperativo implementar acciones proactivas, incluyendo la regulación del número de visitantes diario, similar a la estrategia utilizada en Machu Picchu, donde se limita la entrada a 5,600 personas al día.
El impacto inmediato del trágico evento ha reavivado la discusión sobre la presencia de la Guardia Nacional en zonas arqueológicas. Si bien Dzul Tuyub considera positiva la medida en términos de prevención, también reconoce las preocupaciones sobre la posible percepción de un ambiente violento que podría disuadir a los turistas. La solución a estos desafíos es compleja y requiere un delicado equilibrio entre la seguridad y la preservación del carácter cultural de estos sitios.
El insuficiente número de personal destinado a la custodia de las zonas arqueológicas es otra cuestión crítica. Actualmente, se estima que Teotihuacan, que recibe unos 1.6 millones de visitantes al año, cuenta con solo 140 trabajadores operativos. Esto representa un déficit significativo frente a las aproximadamente 200 plazas que existían hace 15 años, en un entorno de creciente demanda de servicios culturales. Dzul Tuyub enfatiza la necesidad de aumentar el presupuesto y de cubrir las 500 plazas vacantes en el INAH, para así mejorar la seguridad y la atención al público.
Además, el secretario general señala que se deben considerar restricciones al acceso a ciertas áreas de Teotihuacan, en particular aquellos lugares donde ya se han reportado incidentes de seguridad. La protección del patrimonio debe prevalecer sobre las presiones comerciales, sugiriendo que prácticas recientes que han permitido el acceso a áreas de riesgo deben ser reevaluadas.
Finalmente, aunque la compra de boletos a sitios arqueológicos ofrece algún nivel de seguro, este no cubre explícitamente daños por armas de fuego, lo que plantea un grave inconveniente en el contexto actual. La comunidad cultural y los administradores de estos espacios deben actuar con urgencia para redefinir los estándares de seguridad y proteger tanto a los visitantes como a la riqueza histórica que México tiene para ofrecer.
La situación en Teotihuacan es un recordatorio de los riesgos que enfrentan las zonas culturales, y es vital que se implementen medidas adecuadas para asegurar su preservación y el bienestar de quienes las visitan.
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