El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México en 2025 fue un modesto 0.6%, captando la atención de analistas y economistas. Este crecimiento fue principalmente impulsado por la demanda externa, a pesar de las políticas proteccionistas que Estados Unidos aplicó en su comercio, las cuales, paradójicamente, resultaron en ventajas arancelarias para la economía mexicana.
Las cifras indican que el año pasado, las exportaciones de bienes y servicios mexicanos experimentaron un notable aumento del 7%. En contraste, las importaciones solo crecieron un 3.1%, lo que se tradujo en una reducción significativa del déficit comercial del 20.1%. Este comportamiento se destacó en los últimos reportes del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), revelando que la demanda externa se convirtió en el motor más dinámico dentro de la demanda agregada del país.
Por otro lado, los componentes internos de la demanda no mostraron un desempeño tan alineado con esta tendencia positiva. El consumo privado creció un 1.1%, una desaceleración respecto al 2.6% de 2024. El gasto gubernamental aumentó un 1.3%, que también se aleja del 3.7% registrado el año anterior. La formación bruta de capital fijo, a su vez, se presentó como un lastre, disminuyendo un 6.3%, en contraste con el avance del 3.5% que se observó en 2024.
En términos de la oferta y demanda agregadas, ambas crecieron un 1.4%, una desaceleración evidente en comparación con el 1.9% del año anterior. Este ritmo de crecimiento se posiciona como el más bajo en años, correspondiente a un crecimiento general del 0.6% para el PIB, una caída respecto al avance de 1.4% visto en 2024.
Históricamente, la demanda y oferta agregadas en México han enfrentado caídas significativas en años como 2001, 2009, 2019 y 2020, lo que pone en perspectiva la actual desaceleración económica. Bajo este panorama, el aporte al crecimiento en puntos porcentuales de cada componente del PIB fue revelador: las exportaciones netas contribuyeron con 1.3 pp, mientras que el consumo privado sumó 0.8 pp. Sin embargo, la formación bruta de capital fijo mostró una reducción de -1.5 pp, acentuando los retos enfrentados por la economía mexicana.
A medida que el año 2025 se acercaba a su fin, la dinámica cambió. Durante el último trimestre, se observó una recuperación en la demanda interna, impulsando la expansión del PIB. En comparación con el tercer trimestre, el consumo privado incrementó un 1.0%, mientras que el consumo gubernamental ascendió un 0.8% y la inversión fija mostró un leve crecimiento del 0.7%.
No obstante, el balance no fue completamente favorable, ya que las exportaciones crecieron un 1.1%, mientras las importaciones mostraron un incremento del 5.1%. Esto condujo a un nuevo aumento del déficit comercial, que impactó negativamente el crecimiento del PIB.
Los datos son un reflejo de las complejidades que enfrenta México en un entorno económico global cada vez más incierto. A medida que nos adentramos en 2026, la atención se centra en cómo la economía nacional se adaptará a estos desafíos, dado que la capacidad de la demanda interna para sostener el crecimiento se torna crucial en el panorama inmediato.
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