Deep tech startups, que abarcan sectores como el espacio, semiconductores y biotecnología, suelen requerir periodos de maduración significativamente más prolongados en comparación con empresas más convencionales. En respuesta a esto, el gobierno de India ha decidido reformar sus regulaciones para startups, con el objetivo de facilitar que un mayor número de estas empresas logre desarrollar productos comerciales exitosos.
Este cambio regulatorio implica una ampliación del tiempo que las empresas de deep tech pueden beneficiarse de un estatus de startup, extendiéndolo a 20 años. Además, se ha elevado el umbral de ingresos para poder acceder a beneficios fiscales, subvenciones y ventajas regulatorias específicas para startups, que ahora se establece en ₹3 mil millones (aproximadamente $33.12 millones), un aumento considerable desde los ₹1 mil millones (cerca de $11.04 millones) anteriores. Estas modificaciones buscan sincronizar los plazos de las políticas con los prolongados ciclos de desarrollo típicos de las empresas lideradas por la ciencia y la ingeniería.
Esta iniciativa forma parte de los esfuerzos de Nueva Delhi por crear un ecosistema robusto de deep tech, complementando la reforma regulatoria con capital público, incluido el Fondo de Investigación, Desarrollo e Innovación (RDI) de ₹1 billón (cerca de $11 mil millones), anunciado el año pasado. Este fondo está destinado a fomentar el financiamiento paciente para empresas centradas en la investigación y el desarrollo. En este contexto, firmas de capital de riesgo de EE. UU. e India se unieron para crear la India Deep Tech Alliance, una coalición de inversores privados que supera los $1 mil millones, que incluye a actores destacados como Accel y Qualcomm Ventures, con la asesoría de Nvidia.
Para los fundadores, estas modificaciones tienen el potencial de eliminar lo que algunos consideran una presión artificial. Según el marco anterior, muchas empresas corrían el riesgo de perder su estatus de startup antes de comercializarse, generando una “señal de fracaso falsa” que juzgaba las empresas lideradas por la ciencia según plazos políticos en lugar de avances tecnológicos reales, como explicó Vishesh Rajaram, socio fundador de Speciale Invest.
Al reconocer formalmente las particularidades de las empresas de deep tech, la política busca disminuir las fricciones en el levantamiento de capital y la relación con el estado, lo que, según Rajaram, impacta de manera tangible en la operación diaria de los fundadores.
Pese a los avances, un obstáculo persistente sigue siendo el acceso al capital, especialmente en las etapas posteriores a la A. Rajaram destacó que este ha sido un área problemática, y el fondo RDI busca abordar estas brechas en el financiamiento.
El RDI está diseñado para aumentar los recursos financieros disponibles para empresas de deep tech en sus etapas iniciales y de crecimiento. A través de este fondo, se busca canalizar capital público a través de fondos de capital de riesgo, de forma que se respete la naturaleza de las decisiones de inversión privadas.
Siddarth Pai, socio fundador de 3one4 Capital, mencionó que el nuevo marco de deep tech evita una “cliff de graduación” que históricamente ha cortado el apoyo a las empresas justo cuando están en fase de crecimiento. Estos cambios regulatorios llegan en un momento en que el fondo RDI comienza a tomar forma, con la identificación de los primeros administradores de fondos y un proceso en marcha para seleccionar a los gestores de capital de riesgo y capital privado.
A pesar de que ya existe capital privado para deep tech en India, sobre todo en sectores como la biotecnología, Pai señala que el RDI pretende ser un núcleo alrededor del cual se pueda formar mayor capital. A diferencia de un fondo de fondos tradicional, este vehículo también busca tomar posiciones directas y ofrecer créditos y subvenciones a startups de deep tech.
En términos de financiación, India sigue siendo un mercado emergente en deep tech, habiendo recaudado hasta la fecha $8.54 mil millones. No obstante, se ha observado un repunte en la financiación, alcanzando $1.65 mil millones en 2025, un aumento significativo respecto a los $1.1 mil millones de los dos años anteriores, tras un máximo de $2 mil millones en 2022. Este crecimiento sugiere un aumento en la confianza de los inversores, especialmente en áreas prioritarias como la manufactura avanzada y las tecnologías climáticas.
Para los inversores globales, estos cambios en el marco regulatorio son interpretados como una señal de la intención de India de adoptar políticas a largo plazo. La estabilidad a largo plazo del entorno normativo es crucial para los inversores que se enfocan en empresas de deep tech, las cuales operan en horizontes de siete a doce años. Sin embargo, la efectividad de estas medidas para evitar la tendencia de las startups indias a trasladar sus sedes al extranjero permanece como una cuestión abierta.
A pesar de los desafíos, el tiempo dirá si India puede ofrecer resultados competitivos a nivel mundial, como advierte Kumar de Celesta Capital, quien señala que la verdadera señal será la aparición de una masa crítica de empresas indias de deep tech alcanzando éxitos sostenidos en la escena global. Con el respaldo del estado y un marco regulatorio más favorable, la esperanza se centra en que más empresas indias se consoliden y prosperen en el ámbito internacional en la próxima década.
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