El pasado fin de semana, el Complejo Cultural Los Pinos se transformó en un vibrante espacio de creatividad y alegría durante el festival “Juguemos en el Bosque”, que reunió a más de 20 mil asistentes, tanto niños como adultos. Este evento, inédito en el emblemático recinto, se erigió como un refugio en medio del bullicio de la Ciudad de México, promoviendo un entorno de juego, música y narración de cuentos.
En la Plaza de las Jacarandas, el narrador oral Romer YPunto, reconocido por su capacidad de improvisación, cautivó al público con su innovadora presentación. Los niños participaron activamente, dándole vida a historias que incluían trenes, príncipes y misteriosas damas. Un momento culminante fue cuando el narrador lanzó la pregunta: “¿Qué te preocupa?”, lo que generó una oleada de respuestas de los pequeños sobre sus inquietudes, desde el temor a la soledad hasta preocupaciones más ligeras, como “quedarse calvo” o “la chancla de mamá”.
La interactividad no se detuvo ahí; Romer YPunto también preguntó cómo se podían vencer esos miedos, y las respuestas de los niños incluyeron soluciones creativas como armar rompecabezas o leer libros. El narrador subrayó la importancia de fomentar espacios de diálogo familiar alrededor de las historias, como medio para abordar temas significativos que a menudo quedan sin discutir.
Mientras se desarrollaban las narraciones, otras familias se acomodaban bajo la sombra de fresnos, disfrutando de un ambiente relajado, donde los niños corrían, volaban papalotes y exploraban un espacio de lectura al aire libre. La propuesta cultural también incluyó un área de bioexploración para los más pequeños, diseñada por el colectivo Dulce de Leche. Este espacio ofreció instalaciones lúdicas inspiradas en los cuatro elementos de la naturaleza, brindando a los niños oportunidades de juego auténtico y exploratorio.
Guillermina Pérez Suárez, coordinadora nacional de Desarrollo Cultural Infantil en Alas y Raíces, destacó que este festival también buscaba contar con actividades accesibles para los niños menores de cinco años, un grupo a menudo desatendido en la oferta cultural. “Es crucial reconocer y respetar los derechos culturales de los niños”, afirmó Pérez Suárez, enfatizando que es imperativo ver a los infantes como ciudadanos con voz y derecho a la creatividad.
El evento no solo representó una celebración de la niñez y la familia, sino que también propició la reflexión sobre su lugar en la sociedad actual. Pérez Suárez subrayó que el arte y la cultura son herramientas fundamentales para que los niños expresen sus preocupaciones y deseos, convirtiéndose en co-creadores de su propia realidad.
El festival “Juguemos en el Bosque” no solo fue un evento excepcional, sino un paso significativo hacia la inclusión y la transformación cultural que fomente un futuro donde la voz de la infancia sea escuchada y valorada. Con actividades planificadas en otros espacios culturales, como el Centro Nacional de las Artes y el Centro Cultural Helénico, muchos esperan que esta iniciativa continúe expandiéndose.
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