Los datos de tarjetas de crédito siguen siendo uno de los activos más codiciados por los ciberdelincuentes en la dark web, un sector oscuro de Internet ajeno a los motores de búsqueda tradicionales. Esto resulta preocupante, sobre todo porque los usuarios en México han identificado la seguridad de sus datos bancarios como una de sus principales inquietudes.
Investigaciones recientes revelan que el precio promedio de una tarjeta de crédito mexicana robada en la dark web es de apenas 11 dólares. En contraste, otras informaciones financieras pueden alcanzar valores considerablemente más altos. Esta disparidad en los precios sugiere que, aunque los datos bancarios ocupan un lugar destacado en las preocupaciones de los usuarios, lo que los delincuentes buscan incluye también información que podría parecer menos relevante.
Un estudio, que combina una encuesta a 1,003 mexicanos y el análisis de más de 28,000 listados en mercados oscuros entre enero de 2025 y febrero de 2026, indica que un 21% de los encuestados ha compartido datos bancarios en línea, y un 29% ha expuesto su Registro Federal de Contribuyentes (RFC). Esta última información puede ser especialmente sensible, dado que está vinculada a datos financieros y fiscales.
Marijus Briedis, director de tecnología en una firma de ciberseguridad, subraya que el robo de datos no siempre es un ataque sofisticado; a menudo, es más habitual de lo que se piensa. Los delincuentes están interesados en acceder a cuentas de correo electrónico, redes sociales y servicios de entretenimiento, ya que la información que se considera de menor relevancia puede ser un punto de entrada a datos más valiosos.
El análisis también destaca el valor que tienen los accesos a determinadas cuentas. Por ejemplo, la posibilidad de controlar una cuenta en Wise puede venderse por un promedio de 899 dólares, mientras que los accesos a cuentas en Revolut pueden superar los 1,700 dólares. Esto refuerza la idea de que, para los ciberdelincuentes, obtener acceso a una cuenta permite una explotación más profunda de la identidad digital de un usuario.
Además, el estudio indica que la exposición de información personal es alarmantemente común en México. Un 80% de los encuestados ha compartido su nombre completo, un 78% su fecha de nacimiento, un 59% su estado civil y un 48% su dirección completa. Estos datos forman una trama que facilita ataques adicionales, especialmente cuando las contraseñas se reutilizan a través de diferentes cuentas digitales.
En definitiva, aunque las personas tienden a preocuparse principalmente por la protección de sus datos ‘grandes’, como la información bancaria o médica, los patrones de ciberdelincuencia sugieren que las cuentas de uso cotidiano—como el correo electrónico o las redes sociales—son los objetivos más comunes. Proteger una sola de estas cuentas podría ser clave para evitar vulneraciones más graves, como el robo total de identidad.
En esta era digital, la prudencia se convierte en un baluarte frente al creciente riesgo de fraudes y robos de datos. La población mexicana debe tomar conciencia de la importancia de proteger no solo los datos más evidentes, sino también aquellos que parecen inofensivos pero que, en manos equivocadas, pueden causar un daño considerable.
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