El uso de la inteligencia artificial (IA) en el mundo del arte ha cobrado un fuerte impulso, especialmente en las galerías comerciales, donde un reciente informe revela que un notable 84 por ciento de las galerías encuestadas ya están incorporando estas herramientas en sus operaciones diarias. A pesar de esta adopción generalizada, solo un mísero 8 por ciento de ellas cuenta con políticas formales que regulen el uso de la IA. Este fenómeno plantea serias inquietudes acerca de la gobernanza y la seguridad de la información sensible en el sector.
El estudio, basado en entrevistas con 103 profesionales de galerías de todo el mundo, se enfoca particularmente en aquellos que se desempeñan en el Reino Unido, Europa y Estados Unidos. A través de estas entrevistas, se ha perfilado una industria que, si bien está abrazando la tecnología, lo hace sin una estrategia clara. En muchos casos, la introducción de la IA proviene no de decisiones de la alta dirección, sino de los propios empleados. Aproximadamente el 82 por ciento de los encuestados utiliza cuentas personales para acceder a herramientas de IA, lo que suscitó preocupaciones sobre el manejo de datos sensibles, como nombres de coleccionistas e historiales de ventas.
La versatilidad de la IA ha permitido que se aplique a diversas tareas, siendo la escritura y edición las más comunes; un 78 por ciento de los encuestados la utilizan para redactar textos como comunicados de prensa y correos electrónicos. La traducción también se encuentra entre los usos más destacados, así como la gestión de redes sociales, tareas administrativas y la investigación de coleccionistas. Este cambio se ha acelerado en un contexto donde las operaciones de las galerías se han vuelto más complejas, con casi cuatro de cada cinco galerías informando que sus actividades han ganado en complicación durante los últimos dos años.
Sin embargo, la adopción de la tecnología planteó un dilema: a pesar de los beneficios evidentes, el temor a la automatización en el empleo es relativamente bajo, con solo el 29 por ciento de los profesionales de las galerías expresando preocupación por perder su trabajo debido a la IA. En cambio, el temor a la inexactitud y a la baja calidad de contenido generado por la IA es más pronunciado, con dos tercios de los encuestados preocupados por la necesidad de revisar extensamente el material producido.
El optimismo hacia la IA sigue siendo alto, con un 62 por ciento creyendo que su aceptación en el mercado del arte es inevitable. Así mismo, más de la mitad de los encuestados estarían dispuestos a invertir en tecnología si pudieran percibir beneficios claros, aunque muchos admiten que las herramientas actuales no están diseñadas con el contexto artístico en mente.
La desconexión entre el personal de las galerías y la dirección es alarmante, ya que los empleados ya están utilizando sistemas de IA sin una guía apropiada desde la alta dirección. El hecho de que la gran mayoría de ellos acceda a estas herramientas a través de cuentas personales, sin una estructura de gobernanza o marco de protección de datos definido, debería encender las alarmas en la industria.
Sin duda, la transformación silenciosa en el uso de la IA en galerías es un tema que exige atención. Las decisiones que se tomen en torno a la regulación y el desarrollo de políticas claras serán cruciales para asegurar que el arte y la tecnología puedan coexistir sin comprometer la integridad del sector.
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