Las obras de infraestructura en México requieren más que solo construcciones físicas; necesitan un enfoque integral que promueva el desarrollo regional. A pesar de la construcción de grandes proyectos como la refinería de Dos Bocas en Tabasco y el Tren Maya que abarca partes de Quintana Roo, Campeche y Chiapas, la falta de un plan de desarrollo paralelo ha resultado en caídas en el empleo. Tal es la advertencia de Mauricio Jessurun Solomou, presidente del consejo directivo del Colegio de Ingenieros Civiles Mexicanos (CICM), quien enfatiza que la historia en el sureste ha demostrado que la finalización de estos grandes proyectos no garantiza el crecimiento económico local.
Un aspecto primordial del próximo 33 Congreso Nacional de Ingeniería Civil, programado para el 11 al 13 de noviembre de 2025, será la planificación integral. Con el lema “Ingeniería de vanguardia con responsabilidad social”, la institución busca promover una infraestructura que no solo cumpla con las expectativas del país, sino que respete el entorno y las necesidades de los ciudadanos.
El agua, un recurso cada vez más escaso, representa otro desafío apremiante. Desde 1900 hasta hoy, la disponibilidad de agua ha caído drásticamente de 31,000 metros cúbicos por habitante anuales a solo 3,100 metros cúbicos, un descenso causado por el crecimiento poblacional y el cambio climático. Según Jesús Campos López, director general del congreso, es esencial implementar soluciones de infraestructura que no solo aborden el problema inmediato, sino que anticipen futuras crisis.
Particularmente, el Valle de México enfrenta un déficit de más de 700 millones de metros cúbicos de agua anuales. Para mitigar esta situación, se hace necesario reducir la extracción de acuíferos, e incluso considerar la importación de agua de otras regiones. Sin embargo, el verdadero reto radica en que las tarifas actuales del servicio no reflejan los costos reales, promoviendo un uso ineficiente. La comparación entre el consumo de agua en distintas ciudades resalta estas discrepancias: mientras que en el Valle de México se consumen 300 litros por persona al día, en León se registra un consumo de solo 150 litros, destacando el impacto de las tarifas en el uso del agua.
El futuro de la infraestructura en México depende de una planificación anticipada y proactiva. Se estima que se requiere una inversión del 5% del Producto Interno Bruto (PIB) para impulsar un desarrollo sostenido, mejorar la competitividad y adaptarse a los retos de la globalización. Las primeras reuniones regionales han comenzado en Chihuahua y se expandirán hacia otras regiones del país, con el objetivo de fomentar un diálogo entre colegios, organizaciones gremiales, instituciones académicas y dependencias gubernamentales.
Las inversiones en infraestructura no deben ser simples edificaciones; deben ser catalizadoras del desarrollo regional. Si se logra que el Plan México y demás estrategias conjuntas alcancen este objetivo, se vislumbra una prosperidad tangible. Un ejemplo alentador es el caso del Tren Interoceánico, que no solo facilitará el flujo de mercancías, sino que promete generar empleos al conceptualizar polos de desarrollo que atraerán industrias a una zona que necesita urgentemente crecimiento.
La coordinación eficaz entre la inversión privada, infraestructura adecuada y políticas públicas será clave para fomentar un crecimiento sostenible. Se requiere un compromiso de largo plazo y un enfoque holístico que asegure que las obras no solo existan, sino que realmente contribuyan al bienestar de las comunidades que las albergan.
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