Los ingresos de los estados en México se proyectan para alcanzar un alarmante 8.4% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional en 2026, marcando su nivel más bajo desde 2018. Esta tendencia a la baja, identificada por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), refleja una creciente dependencia de las transferencias federales por parte de los gobiernos estatales, situación que preocupa a analistas y expertos.
En un contexto donde el gasto federalizado ha mostrado fluctuaciones considerables, el CIEP subraya que dicha dependencia se traduce en vulnerabilidad. Los estados, al depender de recursos que pueden variar con el rendimiento económico y la recaudación de ingresos federales, se enfrentan a la incertidumbre de recibir menos de lo previsto, especialmente cuando se trata de ingresos inestables, como los derivados de la industria petrolera.
Desde 2018, los ingresos propios de los estados, aquellos recaudados directamente, han aumentado únicamente 0.2 puntos porcentuales del PIB, pasando del 1.2% al 1.4% proyectado para 2026. Esta mejora, aunque positiva, es insuficiente para garantizar una mayor autonomía financiera de las entidades.
En cuanto al Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) de 2026, se ha contemplado un gasto federalizado de 2.8 billones de pesos, lo que representa un incremento del 3% respecto al monto aprobado en 2025. Este gasto federalizado constituirá el 81.7% de los ingresos totales de los estados, una reducción de 0.4 puntos porcentuales en comparación con el año anterior. Por otro lado, los ingresos propios de los estados se espera que alcancen el 13.8% de sus ingresos totales, un aumento modesto de 0.5 puntos porcentuales con respecto a 2025.
Entre los estados que muestran una dependencia más acentuada de los recursos federales en 2026 destacan Guerrero, que recibirá un inmenso 96.6% de sus ingresos a través de gasto federalizado; Veracruz, con un 92.7%; y Tlaxcala, con 92.5%. En contraposición, la Ciudad de México se distingue por su menor dependencia, con apenas un 48.7% de sus ingresos provenientes de la Federación, seguida por Sonora y Nuevo León, con un 66.2% y 67.1%, respectivamente.
El CIEP advierte sobre los riesgos de mantener esta alta dependencia. Un entorno fiscal inestable puede resultar en asignaciones menores a las esperadas, lo que coloca a los estados en una situación precaria. Por ende, se enfatiza la necesidad de que las entidades incrementen su capacidad de recaudación propia como un medio no solo para reducir su dependencia del gasto federalizado, sino también para generar un margen de seguridad fiscal que les permita hacer frente a crisis futuras.
Así, la interrelación entre la capacidad recaudatoria estatal y el financiamiento federal se torna crucial en el análisis de la salud económica de los estados. Las decisiones que se tomen hoy serán clave para determinar la estabilidad económica y la autonomía financiera de las entidades en un futuro cercano.
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