El lunes 23 de febrero de 2026, el régimen del chavismo en Venezuela dio un paso significativo al anunciar el inicio de la revitalización del Helicoide, emblemático edificio que, durante años, ha operado como sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN). Esta prisión, infame por ser uno de los centros de tortura más notorios en América Latina, se está reconvirtiendo en un “centro social, deportivo, cultural y comercial”. La declaración fue hecha por Miguel Ángel Pérez Pirela, vicepresidente sectorial en el gabinete de Delcy Rodríguez, quien aseguró que la renovación de la infraestructura tiene como objetivo “elevar la felicidad y el bienestar social”.
Sin embargo, el trasfondo de este proyecto es más complejo. La iniciativa se produce pocos días después de que fuerzas estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro, y Donald Trump ordenara el cierre de este infame centro. La conversión del Helicoide responde a una estrategia del régimen para desdibujar su oscuro pasado, devolver su imagen y afianzar el control social en el marco de una crisis humanitaria que sigue afectando a Venezuela.
A las afueras del Helicoide, familiares de prisioneros y activistas se reúnen, esperando la liberación de aquellos que aún permanecen tras sus muros, a pesar de la reciente implementación de una Ley de Amnistía. A lo largo de los años, cientos de presos políticos han pasado por este lugar, de los cuales muchos han recuperado la libertad en estos últimos días gracias a la presión internacional, especialmente de Estados Unidos.
Entre los liberados se encuentran figuras significativas de la sociedad civil, como Rocío San Miguel y Catalina Ramos, quienes fueron detenidas por sus posturas en contra del régimen. El Helicoide también ha sido escenario de la detención del magnate Alex Saab, quien es considerado un hombre clave en los esquemas de corrupción que implican a la familia Maduro.
Voces críticas advierten que, a pesar de la aparente transformación, el régimen busca borrar la memoria de las atrocidades cometidas en el Helicoide sin asumir la responsabilidad por los actos de terrorismo de Estado allí perpetrados. Pedro Urruchurtu, un representante de la oposición democrática, subrayó la importancia de mantener viva la memoria de lo ocurrido en este centro de tortura, instando a la justicia y a la reivindicación de las víctimas.
La reconversión del Helicoide y su simbolismo continúa siendo un tema candente en la agitada escena política venezolana, donde la lucha por los derechos humanos y la justicia sigue siendo una batalla a largo plazo. A medida que se desarrollan los acontecimientos, el futuro de este emblemático edificio y lo que representará va más allá de un simple proyecto de renovación; representa la lucha por la dignidad y la memoria de aquellos que sufrieron a manos del régimen.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


