Las dinámicas del mercado inmobiliario en la Ciudad de México han suscitado un creciente interés, especialmente por la preocupación en torno a la falta de vivienda asequible. Según una académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la rentabilización del suelo y la maximización de ingresos son los principales motores para el sector inmobiliario, lo que limita la producción de viviendas accesibles. Este análisis se sitúa en un contexto crítico, en el que, a pesar de la existencia de un déficit habitacional significativo, los desarrollos recientes se dirigen principalmente hacia el mercado de rentas de corta estancia.
La experta, Rosalba González Loyde, destaca que el mercado inmobiliario no responderá de forma filantrópica a las necesidades sociales sin presión de políticas públicas. Esto se reafirma en el hecho de que las decisiones de construcción y desarrollo están condicionadas por normativas que, si son eficientes, fomentan un equilibrio en la participación de los diferentes sectores involucrados.
El Gobierno de la Ciudad ha ensayado varias estrategias para abordar esta problemática, proponiendo mecanismos de gestión del suelo que, no obstante, aún carecen de instrumentos claros de implementación. Entre sus propuestas se incluyen regulaciones para plataformas como Airbnb y otras iniciativas para abordar la producción de viviendas asequibles y mejorar la movilidad urbana.
Asimismo, González Loyde señala que el fenómeno de la gentrificación va más allá de la llegada de extranjeros a determinadas áreas. Este proceso implica el desplazamiento de poblaciones de menores ingresos por aquellas de mayores recursos, lo que transforma profundamente la vida en dichas comunidades. La urbanización, entendida como una transformación de suelos no urbanos a urbanos, no siempre conlleva un desplazamiento, pero a menudo sí altera la estructura social de las zonas afectadas.
En la Ciudad de México, los procesos de desarrollo y mejoramiento urbano han sido impulsados, en parte, por la falta de políticas claras y herramientas adecuadas de gestión, lo que ha propiciado la gentrificación. Este fenómeno no es nuevo, sino que tiene raíces en las decisiones sobre cambios en los usos de suelo, especialmente durante administraciones pasadas.
En 2025, se intensificaron las manifestaciones contra la gentrificación en diferentes puntos de la ciudad. En julio, centenares de personas se congregaron en el barrio de Condesa, denunciando cómo la llegada de inquilinos extranjeros ha encarecido la vida en una zona que tradicionalmente albergaba a mexicanos de diversas clases sociales y ha alterado sus modos de vida.
La situación en la capital mexicana es un reflejo de un dilema más amplio, donde las decisiones urbanísticas y las normativas deben adaptarse a las realidades sociales para garantizar el derecho a la vivienda digna. La efectividad de estas políticas dependerá de la capacidad del Gobierno para implementar regulaciones que promuevan la inclusión y la equidad en el acceso a la vivienda. En este sentido, el tiempo se convierte en un factor crucial, ya que los desafíos solo parecen crecer si la acción no es oportuna.
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