Arqueólogos en el sitio maya de Xultun, ubicado en el noreste de Guatemala, han realizado un descubrimiento significativo: han identificado el nombre de un astrónomo-matemático maya del siglo VIII, quien dejó inscrito un complejo formula calendárico en la pared interior de un pequeño edificio de mampostería. Este individuo, conocido como Sak Tahn Waax, que se traduce como “Zorro de pecho blanco”, es, al parecer, el primero en recibir reconocimiento directo por su trabajo intelectual en el ámbito de la matemática maya.
La fórmula que se localizó, la cual podría haber sido escrita por él o atribuida a su nombre, calcula los ciclos orbitales de Marte y Venus. Según un estudio publicado en la revista Antiquity, este hallazgo no solo destaca la importancia de este matemático, sino que también subraya la sofisticación del conocimiento astronómico que poseían los antiguos mayas.
La estructura donde se descubrían la firma y la fórmula fue excavada por primera vez en 2010. Además de los textos jeroglíficos, las paredes interiores del edificio presentan murales que retratan figuras sentadas y arrodilladas, junto con evidencias arqueológicas que sugieren la existencia de herramientas para la fabricación de papel. Los investigadores creen que esta sala pudo haber sido un espacio de mentoría y formación, destinada a la enseñanza de cálculos calendáricos en el siglo VIII d.C., antes de ser sellada hacia finales de ese mismo siglo, sirviendo finalmente como base para una nueva construcción.
Para analizar la fórmula, un equipo de arqueólogos de instituciones como el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el Colegio Skidmore y la Universidad de Texas en Austin, utilizó escaneos de alta resolución e imágenes multiespectrales de los textos que tienen más de mil años. Estos datos fueron comparados con traducciones aceptadas de textos jeroglíficos de la época clásica maya.
Franco Rossi, el investigador principal del proyecto, expresó su asombro ante la ausencia de registros previos relacionados con cálculos matemáticos firmados. Afirmó que “este tipo de trabajo especializado era no solo importante, sino también generalizado en la sociedad maya ancestral, especialmente durante el siglo VIII”.
Este descubrimiento no solo ilumina la figura de un matemático maya, sino que también resalta el nivel avanzado de conocimientos y el valor de la astronomía en esta cultura, ofreciendo un vistazo invaluable a las capacidades intelectuales de una civilización cuyas contribuciones siguen siendo objeto de estudio y admiración en la actualidad.
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