En plena temporada electoral en México, la violencia ha sido una constante que no ha dejado de aumentar, alcanzando cifras alarmantes. Sin embargo, según informa un reciente artículo, la violencia electoral no es más que un paréntesis en la actividad criminal que sigue su curso en el país, caracterizado por extorsiones y asesinatos.
El artículo señala que los grupos delictivos no solo han desafiado a las autoridades electorales, sino que también han continuado ejerciendo su poder en las comunidades locales, obligando a los ciudadanos a pagar impuestos y extorsiones bajo amenaza de muerte. Según el artículo, en muchos casos las autoridades locales se han unido a estos grupos, lo que ha aumentado la sensación de desamparo entre la población.
El texto también explica que la actividad criminal no se ha reducido durante la pandemia, sino todo lo contrario. La producción y consumo de drogas y la extorsión se han mantenido estables a pesar del confinamiento, y los homicidios han aumentado en muchas regiones.
Sin embargo, el artículo también destaca que diversas organizaciones civiles y ciudadanos han tratado de hacer frente a esta situación, organizándose en grupos de autodefensa o denunciando la corrupción a través de redes sociales. A pesar de ello, el artículo concluye que, para resolver la situación, es necesario un cambio profundo en las instituciones y en la cultura política de México.
En resumen, el artículo pone de relieve la situación de violencia que vive México, alejada de la imagen de un país en proceso de democratización. Aunque la violencia electoral sea un tema que esté en el centro del debate político, no debemos olvidar que la actividad criminal y la corrupción son igualmente preocupantes problemas a abordar.
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