Asaltos, robos, venta de drogas, abuso y acoso sexual. Estas son algunas de las 392 infracciones registradas durante 2024 en Ciudad Universitaria, la sede principal de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Este espacio, que alberga una comunidad de más de 300,000 estudiantes, se presenta ahora como un lugar donde los problemas históricos de seguridad se vuelven cada vez más evidentes.
Recorrer el campus es suficiente para notar la precariedad de la situación. Frente a la Facultad de Filosofía y Letras, la venta de drogas se lleva a cabo a plena luz del día, rodeada de estudiantes que conviven en los espacios abiertos. Las paredes de los edificios están adornadas con denuncias de acoso y violencia sexual, donde colectivos feministas han colocado carteles que alertan sobre agresiones en el campus. Los baños, durante años un punto crítico, han sido escenario de múltiples incidentes. Estefany, una estudiante de 19 años de la carrera de Contaduría, narra que fue víctima de tocamientos en un salón vacío: “Cuando eres víctima dentro de tu escuela, ya no te sientes segura en ningún lado”.
La UNAM, que cuenta con más de un siglo de historia, aprobó recientemente una reforma para tratar la violencia de género como una infracción seria, aunque según muchas alumnas, esta normativa raramente resulta en expulsiones. “Los agresores a menudo siguen en clase contigo, sin ninguna sanción efectiva”, afirma una estudiante de Ciencias Políticas involucrada en un colectivo que lucha por los derechos de las mujeres.
La percepción de inseguridad es innegable y afecta incluso la logística diaria de los estudiantes. “Siempre vamos en grupo al metro, porque sabemos que hay asaltos y otras cosas. Nunca sabes qué te puedes encontrar”, comenta Tania Antonio, alumna de Arquitectura. Casi la mitad de los delitos registrados en 2024 fueron robos, siendo las zonas más concurridas, como Las Islas y los caminos hacia las estaciones del metro de Universidad y Copilco, muchas veces desiertas durante la noche.
A la desconfianza hacia los cuerpos de seguridad del campus se suma el miedo palpable de los estudiantes. Muchos creen que los vigilantes, lejos de proteger, están coludidos con la delincuencia. Esta percepción se ha visto profundizada por incidentes recientes, como el caso de Rodrigo Mondragón, un aficionado que falleció tras ser golpeado, supuestamente por miembros de seguridad de la UNAM, un episodio que reveló la existencia de grupos de choque en la universidad.
El campus ha estado marcado por tragedias que han dejado huella. En 2017, el feminicidio de Lesvy Berlín Osorio revolvió a la comunidad universitaria, cuando su cuerpo fue hallado en una caseta telefónica. Más recientemente, un ataque en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur, donde Lex Ashton asesinó a un compañero e hirió a un trabajador, ha provocado protestas estudiantiles. Hoy, varios planteles continúan en paro, esperando que se cumplan sus exigencias de seguridad.
La UNAM asegura que está trabajando para mejorar la atención y las medidas de seguridad frente a la violencia de género, incluyendo la creación de unidades en cada facultad para abordar estas problemáticas. Sin embargo, los colectivos que monitorean estas denuncias resaltan que la capacidad de respuesta es limitada en relación al alto volumen de quejas que se reciben.
Los problemas de inseguridad y violencia en Ciudad Universitaria requieren urgentemente una atención clara y efectiva. A medida que la comunidad universitaria enfrenta estos desafíos, la necesidad de un entorno seguro sigue siendo una demanda vital que necesita ser escuchada y atendida. Esto se convierte en un llamado a la acción tanto para las autoridades de la universidad como para la sociedad en su conjunto.
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