La central de Bushehr, la única instalación nuclear civil activa en Irán, fue inaugurada oficialmente en septiembre de 2013 after años de contratiempos vinculados a la compleja historia del país. Ubicada en el sur de Irán, esta planta, que cuenta con un reactor de 1.000 megavatios, ha sido objeto de ataques en múltiples ocasiones desde que comenzaron las hostilidades el 28 de febrero, culminando en un bombardeo israeloestadounidense que resultó en la muerte de un agente de seguridad, según informes de medios estatales iraníes. Ante esta situación, Rusia, que realizó su construcción y mantiene técnicos en el lugar, ha comenzado a evacuar a 198 empleados de la empresa Rosatom.
El origen del proyecto se remonta a 1975, durante el régimen del sha, cuando fue encargado inicialmente a la compañía alemana Siemens. Sin embargo, los trabajos se detuvieron tras la revolución islámica de 1979 y la guerra entre Irak e Irán que duró desde 1980 hasta 1988. En la década de 1980, Irán, un importante productor de petróleo y gas, buscó reanudar el proyecto para diversificar su matriz energética y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. A pesar del interés, presiones de Alemania llevaron a Siemens a retirarse del proyecto debido a preocupaciones de proliferación nuclear.
Fue en 1995 cuando Irán se acercó a Rusia, que finalmente retomó el contrato para construir el reactor de agua presurizada de 1.000 megavatios, con un costo estimado superior a mil millones de dólares. Aunque la planta debía estar en funcionamiento en 1999, retrasos significativos prolongaron la construcción, afectada por problemas técnicos y la presión de Washington, que temía que Irán pudiese utilizar la planta para desarrollar armas nucleares. A pesar de las presiones, Moscú obtuvo una exención para completar Bushehr mediante un acuerdo que aseguraba el suministro y la repatriación del combustible utilizado, con la finalidad de mitigar riesgos de proliferación.
A diferencia de las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Natanz o la futura central de agua pesada de Arak, la planta de Bushehr no es considerada un factor de proliferación nuclear. Durante años, Irán ha sido acusado por países occidentales de buscar la capacidad para desarrollar armas nucleares, a lo que Teherán ha respondido negando esas acusaciones. Irán también ha señalado a Israel, la única potencia nuclear militar en la región, como responsable de sabotajes a sus instalaciones nucleares.
Estados Unidos ha manifestado su posición, insistiendo en que Irán debería estar completamente prohibido de enriquecer uranio, mientras que Teherán defiende su derecho a desarrollar un programa nuclear civil, incluso tras alcanzar tasas de enriquecimiento del 60%, que superan el umbral necesario para aplicaciones pacíficas.
La ubicación de Bushehr, a más de 750 km de Teherán y más cercana a capitales árabes como Kuwait y Doha, ha generado inquietudes entre los países del Golfo, que expresan su preocupación en torno a la seguridad de la planta. Existen temores de posibles fugas radiactivas, especialmente ante el riesgo de un terremoto en una región conocida por su actividad sísmica.
A medida que la situación geopolítica se intensifica, la central de Bushehr se convierte en un emblemático símbolo de las complejidades nucleares de Irán y sus implicaciones para toda la región.
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