La posibilidad de que máquinas autónomas y pensantes transformen radicalmente la estructura de nuestra sociedad no es un concepto nuevo. Filósofos como Aristóteles ya imaginaban en su obra "Política" un futuro en el que las herramientas realizaran su trabajo sin la dirección humana, sugiriendo que esto podría llevar a una sociedad sin necesidad de esclavos ni asistentes. De manera similar, Karl Marx reflexionó en 1858 sobre un mundo en el que el conocimiento se socializara, planteando un camino hacia la abolición de las jerarquías que sostienen el capitalismo.
Hoy en día, ese ideal parece resonar en los pasillos de las empresas de tecnología de Silicon Valley. Recientemente, Dean Ball, jefe de futuros estratégicos en OpenAI, expresó su preocupación por la postura de China hacia modelos de inteligencia artificial (IA) de código abierto, sugiriendo que esta podría desencadenar lo que él llama "comunismo total de la IA". Para China, la IA representa un bien público que el estado debe proporcionar, desembocando en un futuro distópico para algunos.
Sin embargo, el auge de modelos de IA en China, como Kimi y Qwen, no necesariamente apunta al fin del capitalismo, sino más bien a una competencia respectiva en el dominio tecnológico global. La estrategia estadounidense de monopolizar la potencia de computación, obligando a los usuarios a depender del software y servicios en la nube de EE.UU., contrasta con la intención china de fomentar una IA abierta que permita a los usuarios operar de manera más autónoma.
La batalla por el dominio de la nueva tecnología determinará el rumbo de la tecnología de la información en este siglo. Pero surge una pregunta provocativa: ¿y si se pudiera moldear la IA conforme a las visiones de Marx y Aristóteles? Los grandes modelos de lenguaje (LLMs) actuales muestran características del "intelecto general" que Marx describió, reflejando y aprendiendo de todo el conocimiento humano. Sin embargo, aunque la automatización responsable de algunas funciones laborales es evidente, su impacto en el capitalismo permanece poco claro.
Por ahora, las grandes potencias de IA están generando riqueza para sus accionistas y empleados; pero la capacidad desmedida de la inteligencia artificial para eliminar empleos es diferente a cualquier revolución tecnológica anterior. Existe una incertidumbre legitima sobre si las ocupaciones eliminadas se sustituirán por nuevas oportunidades.
Interesantemente, incluso los capitalistas se enfrentan a un futuro incierto: si una máquina puede reemplazar a un abogado o un diseñador web, también puede poner en riesgo a aquellos que crean e innovan. El economista Philippe Aghion señala que la IA podría incluso desarticular el vínculo entre innovación y lucro, generando una crisis en el modelo capitalista existente.
Surge así una decisión crucial: frenar la adopción de la IA en nombre de la justicia social, o abrazarla en una forma completamente transformada. La evolución industrial de los siglos pasados relegó a los humanos a supervisores de máquinas; la IA actual tiene el potencial de hacer algo similar con el trabajo intelectual, dejando a la sociedad ante la disyuntiva de redefinir su relación con la tecnología.
En vez de competir para construir un sistema soberano de IA que compita con China o EE.UU., el enfoque podría centrarse en cómo la humanidad puede moldear la IA para satisfacer necesidades humanas. Entre las propuestas surgen ideas como desvincular el trabajo de los ingresos mediante servicios e ingresos básicos universales, promover modelos de negocio cooperativos y no lucrativos, y usar la IA para sustituir el mercado como mecanismo de asignación racional.
La IA estadounidense, caracterizada por su carácter competitivo y mercantilista, contrasta con la posibilidad de un modelo que priorice valores comunitarios y altruistas. Un modelo de IA socialdemócrata y ecológica podría no solo ser viable, sino también preferible.
Aunque no se sostiene que la IA cree automáticamente una sociedad sin clases, sí está en condiciones de generar una crisis del modelo actual, brindando oportunidades a quienes se atrevan a imaginar un futuro diferente y no aferrarse al pasado. Con esta visión, sería posible diseñar un modelo de IA que se alinee con valores humanos y universales, creando un entorno más equitativo y sostenible.
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Datos basados en información reportada originalmente por theguardian.com.






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