La llegada de la inteligencia artificial generativa ha reavivado un debate recurrente cada vez que se produce un cambio tecnológico significativo: el impacto de la máquina en el trabajo humano. Este tema fue abordado por John Maynard Keynes en su obra “Las posibilidades económicas de nuestros nietos”, donde introdujo el concepto de desempleo tecnológico. Keynes lo definió como una situación en la que la capacidad de reducir la mano de obra crece más rápidamente que la capacidad de crear nuevos empleos alternativos, y lo percibía como un desajuste temporal que se resolvería con el tiempo. Su visión era optimista, augurando un futuro próspero para aquellos países que aceptaran y se adaptaran al cambio tecnológico.
Sin embargo, esta perspectiva centrada en el largo plazo no aborda adecuadamente las realidades de la transición. Aquí, el historiador económico Karl Polanyi, en su obra “La gran transformación”, proporciona un marco analítico valioso para entender las tensiones sociales que acompañan a estos cambios. Polanyi argumenta que la economía de mercado, al desprenderse de las relaciones sociales que la sustentan, impone su propia lógica. En este proceso, convierte en mercancías aspectos que no están destinados a la venta, siendo el trabajo el más significativo. Al tratar el trabajo como un simple insumo sujeto a la oferta y la demanda, se generan tensiones que el mercado no puede resolver por sí solo. Esta situación da origen a un “doble movimiento”: la expansión del mercado a menudo provoca una reacción protectora por parte de la sociedad, que se traduce en regulaciones y políticas laborales.
El Fondo Monetario Internacional estima que aproximadamente el 40% del empleo mundial podría estar expuesto a cambios significativos debido a la inteligencia artificial. Esto no necesariamente implica la eliminación de puestos, pues una parte de esos empleos puede incluso beneficiarse de una mayor productividad. De manera similar, la Organización Internacional del Trabajo sostiene que la transformación de tareas es más probable que la sustitución total de puestos. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad de Stanford ha documentado una caída en el empleo entre los trabajadores jóvenes en las ocupaciones más vulnerables, aunque esta es una evidencia preliminar y se limita al mercado estadounidense.
Los analistas económicos son cautelosos en sus pronósticos, recordando la falacia del trabajo fijo: la idea de que existe una cantidad fija de empleo que se reparte entre la población. Históricamente, la tecnología que elimina ciertos puestos de trabajo también crea nuevas oportunidades. Se espera que el impacto de la inteligencia artificial en la productividad sea modesto durante la próxima década, en parte debido a la lenta difusión de la tecnología, como sugiere el Premio Nobel Daron Acemoglu.
Más allá de la cantidad de empleos que se verán afectados, el marco de Polanyi nos permite contemplar una dimensión adicional: cómo se distribuirán las ganancias de productividad. Si estas se concentran excesivamente, podrían reducir la participación del trabajo en el ingreso total. Cuando la retribución laboral se basa únicamente en la oferta y la demanda, corre el riesgo de desvincularse del valor que genera. El problema se agrava por la estructura de mercado, donde las ganancias, al depender de insumos escasos como la capacidad de cómputo o datos, tienden a concentrarse en manos de unos pocos.
La hipótesis del doble movimiento nos invita a observar las respuestas sociales: un aumento en la regulación, mecanismos de redistribución del ingreso, reorganización del trabajo y potenciales reacciones políticas que pueden ser constructivas o radicales. Dado que estamos ante un fenómeno todavía incipiente, las conclusiones definitivas resultarían prematuras. Hasta el momento, no hay evidencia concluyente que sugiera un inminente colapso del empleo. Sin embargo, el rumbo de la tecnología es, fundamentalmente, una decisión de política pública. La gestión de esta transformación y el enfoque hacia la concentración de mercado serán determinantes para que la evolución tecnológica pueda mejorar el bienestar general.
Actualización: a partir de 2026-06-11, la discusión sobre estos temas continúa siendo de gran relevancia y se requiere una atención constante para abordar las implicaciones del cambio tecnológico en el empleo.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


