Un estudio del CSIC revela que las células epiteliales del embrión eliminan microorganismos mediante fagocitosis, una función típica de los glóbulos blancos.
Un equipo de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto que los embriones humanos poseen una capacidad temprana de defensa frente a bacterias, incluso antes de desarrollar su sistema inmunitario. El hallazgo sugiere que las células epiteliales que recubren al embrión pueden reconocer, ingerir y destruir microorganismos patógenos mediante un proceso llamado fagocitosis, una función que, hasta ahora, se atribuía exclusivamente a los glóbulos blancos.
En los primeros días tras la fecundación, el embrión pierde su cobertura protectora y queda expuesto al ambiente uterino, donde puede encontrarse con diversas bacterias. Aunque no posee aún sistema inmunológico, el estudio comprobó que sus células superficiales están preparadas para actuar. “Estas células no solo participan en la implantación del embrión en el útero, sino que también identifican y eliminan bacterias invasoras”, explican los autores del estudio.
La investigación utilizó embriones de pez cebra como modelo inicial por su similitud en procesos celulares, y luego se extendió a embriones humanos. Las observaciones, realizadas mediante microscopía avanzada y bacterias fluorescentes, demostraron que las células epiteliales pueden formar prolongaciones para envolver y destruir bacterias como Staphylococcus aureus, una de las causantes más comunes de infecciones uterinas.
Este descubrimiento plantea nuevas posibilidades en el estudio de la fertilidad. Las infecciones uterinas han sido vinculadas con la infertilidad, y ahora se considera que podrían afectar no solo la implantación, sino también el desarrollo del embrión. Además, los investigadores proponen explorar si bacterias no patógenas presentes en el útero podrían tener un rol positivo, tal como ocurre en otros órganos como el intestino.
“Este mecanismo podría representar el origen evolutivo de la inmunidad”, concluyen los autores, quienes subrayan que aún quedan muchas preguntas por responder. Entre ellas, si estas interacciones tempranas con microorganismos podrían explicar ciertas malformaciones o casos de infertilidad de causa desconocida.
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