El 20 de febrero de 2026, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos invalidó las tarifas impuestas por el expresidente Donald Trump, considerándolas inconstitucionales. Esta decisión generó expectativas sobre la estabilidad del comercio internacional, especialmente en cuanto a los aranceles aplicables a las importaciones. A pesar de la esperanza de un respiro en el caos arancelario, la situación dio un giro inesperado cuando Trump, el mismo día de la decisión, anunció la imposición de nuevas tarifas de hasta 15% bajo una ley de poderes de emergencia diferente. A diferencia de las tarifas anteriores, estas tendrían una duración de solo 150 días, sujeto a aprobación del Congreso.
Esta nueva ola de tarifas ha desencadenado reacciones rápidas; ya se han presentado demandas por parte de fiscales generales de 22 estados y los gobernadores de Kentucky y Pennsylvania. Se suma a esta confusión un fallo de un juez federal en Nueva York, el 4 de marzo, que determina que las empresas que pagaron tarifas derrocadas por el Supremo tienen derecho a reembolsos, aumentando la incertidumbre en un ya complicado entorno comercial.
Pierre Valentin, un abogado especializado en derecho del arte, comparte la angustia que siente el mercado respecto a estas fluctuaciones. Asegura que cada vez que Washington toca el tema de tarifas, los mercados muestran un nerviosismo palpable. Millicent Creech, una comerciante de antigüedades en Memphis, se sintió liberada tras la resolución del Tribunal, solo para luego verse frustrada nuevamente por las nuevas tarifas. Creech dependen en gran medida de materiales adquiridos en el Reino Unido, lo que la coloca en una posición vulnerable ante las tarifas aduaneras y el aumento exponencial de los costos de envío.
La situación es tan preocupante que algunos comerciantes, como Clinton Howell, han decidido limitar su búsqueda a materiales ya en EE. UU. para evitar los complicados trámites de importación. Sin embargo, para aquellos como Creech, este enfoque no es viable debido a la falta de calidad en la oferta local. Su reciente intento de adquirir una silla británica del siglo XVIII se vio frustrado por tarifas de envío exorbitantes, un problema endémico en el actual clima de negocio.
Steven J. Chait, presidente de una galería de arte en Nueva York, adopta un enfoque cauteloso hasta que la situación se aclare más. Aún sin importar qué tarifas estarán en vigor, nota que el panorama hasta ahora es incierto, con rumores sobre posibles ajustes en los aranceles para artículos antiguos.
La National Antique and Art Dealers Association of America, donde Chait es miembro, está trabajando en una estrategia de defensa en respuesta a los aranceles, aunque la incertidumbre sigue siendo la norma. El aumento en los costos de envío, asociado a la reciente guerra entre EE. UU. e Israel contra Irán, añade otra capa de problemas en una industria ya afectada por la volatilidad de las tarifas.
Aunque las leyes que Trump invocó para justificar las tarifas cuentan con algunas excepciones, particularmente para materiales informativos y antigüedades de más de 100 años, las obras decorativas y los objetos de arte, incluidos los muebles antiguos, no se benefician de estas exoneras. Esta situación lleva a muchos comerciantes a optar por no vender en EE. UU., alterando el flujo y los precios de diversos objetos.
A pesar de que las tarifas del 15% siguen siendo una carga, algunos ven una leve mitigación en la incertidumbre, ya que permite una planificación más estructurada. En un entorno comercial donde las decisiones rápidas son esenciales, esta claridad parcial es tanto un respiro como un desafío, a medida que las partes interesadas esperan con ansiedad las próximas semanas para ver cómo se desarrollará la situación.
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