La entrada de cerca de 8.000 inmigrantes en Ceuta durante el lunes y el martes ha desencadenado una crisis migratoria (y política) inédita en la frontera. Nunca antes había entrado de forma irregular un número tan alto de inmigrantes en tan poco tiempo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, suspendió este martes su agenda internacional y se desplazó a la ciudad autónoma de Ceuta y a la de Melilla, donde en la madrugada de este martes 86 personas han logrado saltar la valla. De las 8.000 personas que entraron en Ceuta desde el lunes, cerca de la mitad han sido ya devueltas a Marruecos, según el Ministerio del Interior, que no da detalles del procedimiento que ampararía esas devoluciones.
La crisis de Ceuta deja un sinfín de interrogantes, tanto en el origen del conflicto —vinculado aparentemente a un castigo diplomático de Marruecos a España— como en la forma de abordar su consecuencia más inmediata: la acogida repentina de miles de personas, entre ellas cientos de menores.
¿Qué pasa en Ceuta? La noche del domingo se desataron rumores en Marruecos sobre la laxitud de las fuerzas de seguridad marroquíes en la costa; durante la madrugada del lunes, centenas de personas se aproximaron a los espigones que los separan de la ciudad autónoma para bordearlos a nado o a pie. La gendarmería, efectivamente, mostró una “inusual pasividad”, según fuentes de las fuerzas de seguridad españolas. La tarde del martes se contaban ya 8.000 inmigrantes en la ciudad autónoma, la mayoría marroquíes, pero también algunos subsaharianos. Decenas continuaron entrando durante el día. La mayoría son hombres jóvenes, pero hay familias enteras y al menos 1.500 menores, algunos de muy corta edad, según fuentes del Gobierno de Ceuta.
¿Cuál ha sido el desencadenante? El motivo aparente ha sido la acogida del líder del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (Rasd), Brahim Gali, de 73 años. España aceptó la entrada de Gali, aquejado de covid-19, para que ingresase en un hospital de Logroño, un gesto que disgustó a Marruecos. Pero el desencadenante real fue el reconocimiento por parte de Donald Trump, en diciembre, de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Eso ha llevado a Rabat a ejercer una presión nunca vista sobre España y la Unión Europea para que “abandonen la zona de confort” de la ONU, en palabras de las autoridades marroquíes y para que secunden los pasos de Trump
¿Cuál es la postura del Gobierno? El Gobierno se ha volcado en la resolución de la crisis de Ceuta, que ha desatado la alarma máxima en el Ejecutivo. El presidente —que habló en una comparecencia institucional de la necesidad de defender “la integridad territorial” de España— voló ayer a Ceuta y Melilla y multiplicó sus gestiones diplomáticas, en especial con la UE. El asunto monopolizó el Consejo de Ministros, donde se evidenció un fuerte malestar con Marruecos. Buena parte del Ejecutivo está trabajando en distintos frentes para resolver la crisis diplomática más grave desde que el presidente llegó a La Moncloa. Sánchez decidió en la noche del lunes desplegar el Ejército en Ceuta y, desde primera hora de ayer, multiplicó sus llamadas, que han incluido a líderes europeos pero también a Felipe VI y al líder de la oposición, Pablo Casado.
¿Cuál es la postura de Marruecos? El Gobierno de Marruecos guarda silencio sobre lo sucedido. La única declaración por parte de un representante marroquí fue la de la embajadora en España, Karima Benyaich, quien afirmó este martes que “hay actos que tienen consecuencias y se tienen que asumir”, antes de ser llamada a consultas a Rabat.
¿Cuál ha sido la reacción de la Unión Europea? La Comisión Europea ha llamado la atención este martes a Marruecos por su papel en la crisis de Ceuta. “Las fronteras españolas son las fronteras europeas”, ha advertido a Rabat la comisaria europea de Interior, Ylva Johansson, en un discurso en la Eurocámara. La responsable de los asuntos fronterizos y del nuevo pacto migratorio de la UE, en fase de negociación, aseguró seguir con preocupación la afluencia de migrantes “sin precedentes” detectada en el enclave español en África, y ha exigido a Rabat que cumpla con sus obligaciones de controlar las salidas irregulares y que asegure que aquellos “que no tienen derecho a quedarse sean devueltos de forma ordenada y efectiva”.
¿Hay otros conflictos en la relación bilateral España y Marruecos? Hay dos cuestiones que marcan las relaciones entre España y Marruecos. El primero y determinante es el Sáhara Occidental. Toda la política exterior de Marruecos se supedita al conflicto del Sáhara. Muy por detrás viene la cuestión de Ceuta y Melilla. Para Marruecos, para su prensa local, para su Gobierno, estas dos ciudades autónomas son los “presidios ocupados”. Cualquier otro posible conflicto de intereses, como el contrabando proveniente de Ceuta y Melilla queda en segunda plano.
¿Qué va a ocurrir con los recién llegados? El Ministerio del Interior está centrado en devolver al mayor número de inmigrantes y lo más rápido posible. Y, aunque, por un lado, Marruecos ha permitido la salida masiva de sus nacionales y todo aquel que quisiese cruzar, por el otro, está aceptando readmitirles de vuelta. Durante la jornada del lunes y la tardes del martes se había devuelto a unas 4.000 personas, según fuentes de Interior.
Las devoluciones, según ha informado Efe y han confirmado a Columna Digital diversas fuentes policiales y relacionadas con la acogida a migrantes en el terreno, se han llevado a cabo en muchas ocasiones sin ninguna formalidad y de forma colectiva. El Colegio de Abogados de Ceuta asegura que sus letrados solo han sido movilizados a las 14.00 del martes, a pesar de que los retornos comenzaron a ejecutarse el lunes. Los abogados, según fuentes del Colegio, han sido llamados para abrir expedientes de devolución, la fórmula recogida en la Ley de Extranjería para las entradas irregulares que garantiza un mínimo cauce jurídico.
En vídeo, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska asegura que se han devuelto a Marruecos a 2.700 migrantes, en el Consejo de Ministros de este martes.
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