La agroindustria tequilera, un pilar económico de México, ha hecho frente a las crecientes demandas de sostenibilidad dedicando más de 128 millones de dólares en proyectos ecológicos. Con un horizonte que se extiende hasta 2030, esta inversión se alinea con criterios de responsabilidad ambiental y objetivos de desarrollo sostenible que buscan responder a las exigencias globales acerca de la descarbonización y el uso eficiente de recursos.
Según el Consejo Regulador del Tequila, los esfuerzos recientes se han centrado en la modernización de la infraestructura. Las instalaciones incluyen plantas para el tratamiento de vinazas, la instalación de calderas de biomasa y celdas solares, así como la conversión de combustóleo a gas natural. Estas acciones son esenciales para reducir el impacto ambiental de toda la cadena productiva que inicia desde el agave hasta la botella de tequila.
Dentro de los planes trazados para 2030, la industria se ha propuesto disminuir su huella de carbono directa en un 25%, aumentar en un 12% el uso de energía renovable, elevar en un 5% el consumo de electricidad limpia y recortar en un 15% el uso de agua por unidad producida. Estas metas no solo abordan la urgencia de un cambio hacia prácticas más sostenibles, sino que reflejan un compromiso por parte del sector con el medio ambiente.
Para alcanzar estas ambiciosas metas, el Consejo Regulador del Tequila y el Centro Mario Molina han comenzado a actualizar la Estrategia de Sustentabilidad de la Cadena Productiva Agave-Tequila. Este proceso involucra a productores de agave y tequila en talleres que promueven la comprensión de los indicadores necesarios para medir el progreso y la implementación de enfoques sociales en la estrategia.
La agroindustria tequilera se ha posicionado como un referente en sostenibilidad. Graciela Hernández, del Centro Mario Molina, afirma que “cualquier industria genera impactos”, pero con el conocimiento adecuado se pueden formular estrategias efectivas de mitigación. La comunidad tequilera ha estado activamente buscando formas de reducir estos impactos y transitar hacia un modelo de producción más sostenible.
Además de los aspectos ambientales, la nueva estrategia contempla el desarrollo de una plataforma digital. Este recurso será crucial para que los productores puedan consultar información y seguir de cerca los indicadores de sostenibilidad. También se planea una nueva estimación de las huellas hídrica y de carbono, analizando tanto las actividades en el campo como los procesos en las destilerías.
Un elemento clave en esta actualización es la alineación con la Taxonomía Sostenible de México, presentada por la Secretaría de Hacienda en 2023. Esta herramienta clasifica las actividades económicas que no solo tienen un impacto ambiental positivo, sino que también promueven la equidad de género, reafirmando el compromiso del sector con un crecimiento inclusivo y responsable.
La agroindustria tequilera avanza hacia un futuro más sostenible, asumiendo un rol protagónico en los esfuerzos por mitigar el cambio climático y mejorar las condiciones sociales. Con la mirada puesta en el futuro, este sector no solo busca preservar su legado, sino también contribuir significativamente al bienestar del planeta y de las comunidades que lo habitan.
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