El gobierno de Claudia Sheinbaum ha puesto en marcha un ambicioso Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar, presentado en febrero de este año. Este esfuerzo busca elevar el gasto en infraestructura, superando las recomendaciones internacionales, según ha señalado María del Carmen Bonilla, subsecretaria de Hacienda y Crédito Público.
En el marco de la 89 Convención Bancaria, Bonilla destacó que el plan prevé una inversión total de 5.6 billones de pesos hasta 2030. Esta inversión se financiará a través de una combinación de recursos públicos y privados, enfocándose en sectores estratégicos como energía, logística y agua, con el objetivo de robustecer la inversión privada. Según la subsecretaria, existe una correlación significativa entre la inversión pública y el estímulo a la inversión privada, lo que permitirá generar condiciones favorables para el desarrollo industrial.
Con una proyección específica para 2026, el plan contempla una inyección de 722,000 millones de pesos, representando un 1.9% adicional del Producto Interno Bruto (PIB). Esta cifra se uniría al presupuesto ya incluido en el Presupuesto de Egresos de la Federación, que es del 2.5%. De este modo, totalizaría una inversión en infraestructura equivalente al 4.4% del PIB, superando las recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que establece un 3.1% para América Latina.
El entorno puede parecer incierto, marcado por tensiones geopolíticas y la reciente renegociación del T-MEC. Sin embargo, las perspectivas son optimistas. Sergio Méndez, director general de BlackRock México, ha apuntado un notable interés exterior en el país, enfatizando que, aunque la volatilidad es vista con desconfianza, México cuenta con una posición geográfica ventajosa, una población joven y una base de ahorro interno significativa.
Méndez también subrayó la importancia de realizar inversiones continuas a largo plazo, permitiendo a México aprovechar oportunidades que se extenderán más allá de la próxima década. Este enfoque estratégico en infraestructura y desarrollo podría hacer de México un actor más competitivo en el context global.
La importancia de este plan radica no solo en los números que evidencian la inversión, sino en su potencial para transformar la infraestructura del país y mejorar la calidad de vida de la población mexicana. En este sentido, se vislumbra un camino que podría llevar a una mayor conectividad y, en última instancia, a un mejor futuro económico.
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