En 2005, Randy Carr tomó una decisión estratégica al abrir una fábrica en el centro de México, atraído por los bajos salarios y el favorable tratado de libre comercio entre México y Estados Unidos. Durante casi dos décadas, su planta, dedicada a la producción de parches bordados y emblemas personalizados, creció hasta contar con 800 empleados. Sin embargo, con el cambio en el ambiente comercial, especialmente tras las amenazas de aranceles por parte del expresidente estadounidense Donald Trump en 2025, Carr comenzó a reconsiderar su futuro en el país.
A raíz de las preocupaciones sobre los aranceles, Carr optó por diversificar su negocio y explorar la República Dominicana como una nueva ubicación para sus operaciones. Aunque México hasta ahora se ha salvado de los aranceles más severos, la incertidumbre generada por el constante acoso a los tratados comerciales ha llevado a muchas empresas a reevaluar sus inversiones. Empresarios de diversas industrias han manifestado su inquietud, con más de una docena de ellos admitiendo a Reuters que planean trasladar parte de sus operaciones a Asia.
La reforma judicial de 2024, que cambió la designación de jueces por elecciones, ha alimentado aún más la inquietud entre los inversores sobre el estado de derecho en el país. Ejecutivos de empresas del sector automotriz han expresado que están considerando reubicarse en países como Vietnam, donde la expansión de la industria ha sido notable en la última década, particularmente con la llegada de fabricantes de automóviles de prestigio.
La incertidumbre en torno al tratado de libre comercio T-MEC es palpable. Directivos de empresas multinacionales han adoptado una actitud de “esperar y ver”, eligiendo no avanzar en proyectos hasta que la situación se clarifique. Pedro Casas, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Americana en México, resumió esta perspectiva al señalar que si las renegociaciones continuarán indefinidamente, sería más prudente cerrar operaciones en el país y buscar inversiones en otro lugar.
A pesar de estos desafíos, la economía mexicana muestra signos de resiliencia. El país, que es la segunda economía más grande de Latinoamérica, ha registrado un crecimiento del 1.4% en el segundo trimestre de 2026, el mejor desempeño desde principios de 2022. Este crecimiento ha sido impulsado en gran medida por las exportaciones de productos electrónicos y tecnologías de Inteligencia Artificial hacia Estados Unidos. No obstante, esta dependencia continúa aumentando el déficit comercial de Estados Unidos con México, lo que podría generar repercusiones políticas en el futuro.
Mientras tanto, la inversión extranjera directa en México alcanzó cifras récord en el primer semestre de 2026, aunque es preocupante que solo un 7.8% de esta inversión provenga de nuevos proyectos. La falta de nuevas inversiones y la caída de proyectos de tipo greenfield son indicios claros de que el país enfrenta serios retos para atraer capital fresco.
En este contexto, la empresa de Carr, World Emblem, inauguró una nueva instalación en República Dominicana en junio y tiene planes de expandirse en el Caribe, aprovechando incentivos fiscales que compensan los aranceles impuestos por EE.UU. Con la intención de ajustar su plantilla en México, Carr ha tomado la difícil decisión de reducir su fuerza laboral en un 50%, anticipando un futuro incierto.
Algunos expertos económicos prevén que, a pesar de la gobernanza actual, la falta de resolución sobre el futuro del T-MEC sigue siendo un factor adverso que puede influir negativamente en las decisiones de inversión, lo que plantea un interrogante crucial: ¿podrá México mantener su atractivo frente a esta creciente incertidumbre?
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