El conflicto en Medio Oriente, que lleva dos meses en curso a partir de este 28 de abril, ha generado un aumento en la aversión al riesgo a nivel global, afectando las condiciones financieras para los mercados emergentes y volviendo a los inversionistas más cautelosos ante las debilidades locales, según advierte Jonathan Fortun, economista senior del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).
A medida que las tensiones aumentan, los títulos de deuda mexicana han comenzado a perder atractivo. Fortun señala que el mercado está considerando que la tasa terminal podría estar más cerca de lo que se pensaba, lo que repercute en la percepción de los inversores. Datos del Banco de México indican que, entre el 2 de enero y el 15 de abril, la deuda mexicana atrajo a inversionistas extranjeros que inyectaron 47,520 millones de pesos. Sin embargo, este saldo incluye una liquidación significativa de 20,984 millones de pesos en marzo.
Aunque hubo una salida de no residentes en deuda gubernamental, esta no fue comparable en magnitud con episodios de estrés previos. En marzo de 2020, por ejemplo, se registró una salida cercana a 167,000 millones de pesos, en contraste con el ajuste de 21,000 millones de pesos de marzo pasado. Entre el 31 de marzo y el 16 de abril, los inversionistas extranjeros realizaron compras netas por 1,071 millones de pesos, aunque esto no implica una tendencia definida.
Desde la sede del IIF en Washington, Fortun menciona que la liquidación de marzo no fue un evento aislado, sino el resultado de un choque externo fuerte ante una economía mexicana que ya mostraba señales de menor impulso. Si bien México no ha perdido abruptamente la confianza del mercado, se ha erosionado parte del atractivo de su deuda. Las estadísticas históricas del Banco de México revelan que, en enero de 2020, cuando comenzó la pandemia, los extranjeros tenían en sus portafolios títulos de deuda por dos billones 130,093 millones de pesos. Para el 16 de abril de 2026, este saldo se había reducido a un billón 739,824 millones de pesos.
El experto subraya que enfrentar un episodio global de aversión al riesgo es muy diferente en una economía fuerte que en una debilitada. Un análisis de las estadísticas desde 2020 revela que las entradas de capitales al mercado de deuda han sido escasas, con solo dos ocasiones en que se registraron entradas significativas en 2023 y en lo que va de este año. Esto sugiere que la guerra ha actuado más como un catalizador que como una causa única de la salida de capitales, amplificada por las debilidades internas del país.
“Más que una reacción exclusiva a la guerra, fue un ajuste de portafolios que se dio en un contexto de enfriamiento económico”, señala Fortun. La actividad económica en México ya mostraba debilidad antes de marzo, y aunque no estamos ante un estrés comparable al de 2020, el mercado se muestra más sensible a las debilidades internas.
El IIF, que agrupa a más de 450 instituciones financieras globales, sigue de cerca esta situación, donde los gigantes financieros como BNP Paribas y JPMorgan desempeñan un papel clave. A medida que el conflicto en Medio Oriente continúa influyendo en la economía mundial, el enfoque en las debilidades locales se vuelve esencial para entender la dinámica actual de la deuda mexicana y su atractivo para los inversionistas extranjeros.
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