El estudio de las herramientas prehistóricas ha concentrado su atención en su funcionalidad y tecnología, pero una nueva investigación arqueológica propone una intrigante hipótesis: las técnicas de fabricación de instrumentos de hueso revelan indicios de la división sexual del trabajo en la prehistoria. Esta investigación, realizada por las arqueólogas Claire Houmard e Isabelle Sidéra, ha analizado diversos contextos arqueológicos y sostiene que las prácticas tecnológicas están intrínsecamente vinculadas al género y al estilo de vida, ya sea sedentario o nómada.
Las autoras se basan en evidencias arqueológicas y etnográficas de Europa, el Magreb, el Cercano Oriente y el Ártico americano, reconstruyendo un escenario en el cual la elección entre diferentes técnicas de trabajo -como la abrasión y el raspado- trasciende la mera funcionalidad de los objetos y se relaciona con modelos de organización social y roles de género.
La abrasión y el raspado son técnicas universales en el ámbito de los materiales óseos, cada una dejando marcas distintivas: la abrasión crea estrías cortas y paralelas, mientras que el raspado produce surcos más largos y profundos. Aunque ambas técnicas coexisten en múltiples yacimientos, hay una notable preferencia por alguna de ellas según el contexto cultural, cronológico y geográfico. De hecho, el raspado predomina en sociedades nómadas del Ártico, mientras que la abrasión se afianza en contextos sedentarios del Neolítico en el Viejo Mundo.
Un análisis más profundo revela que en el Ártico canadiense y groenlandés, las sociedades pre-Inuit e Inuit, activas entre el 5000 a. C. y el siglo XIX, optaron mayormente por el raspado en la fabricación de objetos como arpones y utensilios. Esto se ligaba a un estilo de vida móvil y a una flexibilidad en la división del trabajo entre hombres y mujeres, donde ambos géneros compartían técnicas y roles.
Por otro lado, a partir del 11.000 a. C., la técnica de abrasión se volvió dominante en el Próximo Oriente y posteriormente en Europa y el Magreb, coincidiendo con el surgimiento de una economía agrícola. Esta técnica se utilizó para formular múltiples objetos domésticos, sugiriendo una relación intrínseca con las actividades femeninas, dado que muchos de estos objetos hallados están vinculados a tareas del ámbito doméstico.
La distinción entre ambas técnicas también sugiere un indicador de movilidad social. El raspado, asociado a herramientas portátiles, se adapta a entornos de trabajo móviles, en contraposición a la abrasión, que requiere de espacios fijos y organizados.
En un hallazgo notable, las puntas planas de hueso, elaboradas exclusivamente por abrasión y datadas desde el 7000 a. C. en Turquía, refuerzan la idea de que el proceso puede haber sido mayormente una actividad femenina, dada la meticulosidad requerida.
El trabajo de Houmard y Sidéra representa un aporte significativo a la arqueología de género y la historia de la tecnología, subrayando que las elecciones de manufactura en la prehistoria no solo se basaban en consideraciones práticas, sino también en la estructura social y los papeles de género, cuestionando así las convenciones sobre la especialización técnica y su posible relación con la desigualdad estructural.
Este vertiginoso estudio continúa marcando un camino hacia una comprensión más profunda de los roles de género y su interacción con el desarrollo tecnológico a lo largo de la historia. La información aquí presentada corresponde a la publicación original del 27 de julio de 2025.
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