Las calles de Teherán, capital de Irán, han experimentado un cambio notable en la percepción del hiyab, el velo islámico que tradicionalmente ha sido un símbolo de la normativa religiosa en el país. Desde las protestas que estallaron en 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, quien fue detenida por la policía religiosa por no llevar el velo de manera apropiada, muchas mujeres han comenzado a desafiar estas restricciones. En este contexto, la moda libre parece haberse consolidado en algunos sectores, donde mujeres sin pañuelo y con ropa que deja al descubierto brazos y piernas se han vuelto un espectáculo visible.
Amini, de solo 22 años, falleció bajo custodia policial el 16 de septiembre de 2022, lo que provocó movilizaciones masivas en todo Irán. Las protestas, que exigían cambios profundos en la política del régimen, resultaron en más de 500 muertes y miles de detenciones. A raíz de esta crisis, las autoridades comenzaron a reducir el riguroso control sobre la vestimenta femenina. En respuesta, se han visto mujeres participando en conciertos al aire libre, haciendo ejercicio junto a hombres en parques, y disfrutando de momentos en cafeterías sin cubrirse el cabello.
Sin embargo, este cambio no ha sido bien recibido por todos. Recientemente, sectores más conservadores del régimen han comenzado a exigir un endurecimiento de las políticas sobre el uso del hiyab. Gholam Ali Haddad Adel, político vinculado al liderazgo supremo, indicó que el contexto de la guerra afecta cualquier decisión sobre este tema delicado, señalando que “no podemos entrar en ese frente como deberíamos debido a las condiciones de guerra”. Esto sugiere una profunda tensión dentro del gobierno sobre la manera de manejar la insatisfacción pública y la presión internacional.
Además, Pouran Nazemi, activista y ex prisionera política, argumenta que hay un miedo palpable a las protestas, lo que ha causado divisiones dentro del poder político iraní. En las últimas semanas, la presión para restablecer el control se ha intensificado, con figuras del régimen advirtiendo sobre lo que consideran una “promoción de la desnudez” y una “amenaza para la seguridad”.
A pesar de estas amenazas, gran parte de la población parece haber alterado su comportamiento. Las mujeres están comenzando a desobedecer la normativa voluntariamente, en un acto que Nazemi describe como desobediencia civil. La situación en Teherán ha llegado al punto en que incluso algunas mujeres han comenzado a cuestionar su propia vestimenta, sintiendo que llevan “demasiada ropa”.
Mientras tanto, los conservadores critican al presidente Masoud Pezeshkian, responsabilizándolo de la falta de controles más estrictos. En respuesta a esta presión, algunas autoridades han clausurado temporalmente cafés y espacios públicos por infracciones relacionadas con el hiyab. Sin embargo, no todas las medidas han logrado las expectativas.
El futuro del hiyab en Irán sigue siendo incierto, según Sedigheh Vasmaghi, abogada y ex prisionera política, quien afirma que las recientes tendencias de desobediencia civil son indicativas de un cambio en la mentalidad de la sociedad. Aunque las autoridades podrían intentar un regreso a políticas más estrictas, muchos creen que la situación actual ha hecho irreversible ese proceso. La lucha entre la modernidad y la tradición en Irán continúa, dejando a la población en un estado de expectativa.
El 17 de septiembre de 2026, el clérigo Ahmad Alamolhoda ha instado a utilizar todos los recursos disponibles para frenar la creciente liberalización, mientras distintos grupos han comenzado a organizar concentraciones nocturnas, aunque incluso en esos eventos la asistencia sin velo se hace evidente. En este contexto, lo que comenzó como una lucha por derechos básicos se ha transformado en un debate más amplio sobre la identidad y el futuro de Irán.
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