La reciente escalada en las tensiones del Golfo Pérsico ha encendido una alarma en la comunidad internacional. Irán ha lanzado misiles y drones contra varios de sus vecinos del Golfo, y ha cerrado el estrecho de Ormuz, una arteria crucial por donde transita aproximadamente el 20% del comercio global de hidrocarburos. Este aumento de hostilidades se produce tras ataques estadounidenses en respuesta a disparos iraníes contra un buque en el estratégico estrecho.
El 12 de julio de 2026, el Ministro de Relaciones Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, mediador en el conflicto, hizo un llamado urgente para la “desescalada” y la “contención” entre las partes involucradas. Sin embargo, la situación se intensificó rápidamente. Kuwait, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos reportaron ataques aéreos en su territorio, y explosiones fueron escuchadas en Catar, donde las autoridades confirmaron que lograron interceptar misiles.
Teherán justifica sus ataques, afirmando que son una respuesta a los “continuos” ataques estadounidenses. De hecho, los Guardianes de la Revolución iraníes han reivindicado un ataque poco común contra Omán, donde destruyeron bases de apoyo logístico presuntamente utilizadas por portaaviones estadounidenses.
Ante la ofensiva, el gobierno omaní condenó enérgicamente las acciones de Irán, mientras que Jordania también se vio afectada, reportando la caída de tres misiles iraníes sin daños confirmados. Irán, por su parte, había informado previamente sobre un incidente en el que dispararon contra un barco en el estrecho de Ormuz, alegando que había tomado una ruta no autorizada.
En este contexto de violencia, la Marina británica, a través de su agencia de seguridad marítima UKMTO, reportó que el ataque al barco ocurrió cerca de la península de Musandam, desencadenando un incendio a bordo y obligando a la tripulación a evacuar. Entre los afectados se encontraban once ciudadanos indios, de los cuales diez fueron rescatados, pero uno permanece desaparecido.
En represalia, el Mando Central de Estados Unidos (Centcom) ha llevado a cabo alrededor de 140 ataques contra instalaciones iraníes, enfocados en capacidades navales, redes de comunicación y puestos de vigilancia. Las explosiones reportadas en diversas instalaciones iraníes, incluyendo Bandar Abás y la isla de Qeshm, subrayan la magnitud de la escalada.
A medida que Irán cerró el estrecho de Ormuz y limitó severamente el tránsito marítimo, el gobierno estadounidense había respondido de manera contundente, continuando los bombardeos sobre instalaciones iraníes. Esta acción se inscribe en el marco de un protocolo de acuerdo firmado el 17 de junio entre Estados Unidos e Irán, el cual otorgó un período de 60 días para negociar un cese al fuego.
Sin embargo, tras los recientes ataques, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha declarado que el alto el fuego “terminó”, justificando las agresiones en respuesta a los ataques contra barcos. La retórica belicosa de ambos lados sugiere que la situación podría deteriorarse aún más. El líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, advirtió que la “venganza” es “inevitable” tras la muerte de su antecesor, aumentando la incertidumbre en una región ya de por sí volátil.
La combinación de amenazas y agresiones de ambas partes plantea un escenario preocupante que podría desestabilizar aún más el delicado equilibrio de poder en el Golfo Pérsico. Con un futuro incierto, las potencias globales observan con atención la evolución de estos acontecimientos que pueden tener repercusiones en el comercio y la seguridad marítima mundial.
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