El 15 de junio de 2026, el Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, decidió hacer un llamado directo al Consejo de Seguridad de la ONU, demandando que se ratifique el acuerdo final que, según sus palabras, debe ser negociado con Washington en un plazo de 60 días. Durante una rueda de prensa, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmail Baqaei, expuso las condiciones y advertencias que reflejan la palpable desconfianza que Irán siente hacia Estados Unidos.
“Esperamos que el acuerdo final sea respaldado por una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas dentro de dos meses después de su firma”, afirmó Baqaei. Esta declaración es un claro eco de las experiencias pasadas de Irán, particularmente referidas al acuerdo nuclear de 2015, del que EE.UU. se retiró de forma unilateral en 2018. La hostilidad y la desconfianza hacia los actores estadounidenses se enraizan profundamente en la historia de las interacciones entre las dos naciones. “Estados Unidos aún tiene un largo camino por recorrer antes de ganarse la confianza del pueblo iraní”, manifestó Baqaei.
Además, el portavoz extendió sus reservas hacia Israel, remarcando que cualquier cese de hostilidades debe incluir también al Líbano. “Teherán no confía ni en Israel ni en Estados Unidos”, sentenció.
En otro tema crítico, Baqaei abordó la situación en el estrecho de Ormuz, un punto estratégico en el comercio marítimo, aclarando que aunque Irán no busca recaudar peajes de tránsito, se cobrarán tarifas por servicios de navegación y protección ambiental. Fars, una agencia iraní, reportó que Teherán logró incluir en el acuerdo una cláusula sobre “servicios marítimos”, sugiriendo que Washington accedió al pago de tarifas.
Desde el punto de vista económico, se confirmó que Estados Unidos se comprometió a liberar activos iraníes congelados en el extranjero y a compensar a Irán por daños de guerra. De acuerdo con reportes, se menciona que el monto total de activos a liberar asciende a 24,000 millones de dólares en un plazo de 60 días, con la mitad disponible antes del inicio de las negociaciones definitivas.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, expresó su esperanza de que el estrecho se abra sin peajes a largo plazo, señalando que esta es una de las cuestiones que se abordarán en las negociaciones que comenzarán en los próximos días. Esta discrepancia respecto a las tarifas marítimas se perfila como un punto crucial en la próxima fase de las negociaciones.
El grupo libanés Hezbollah también hizo eco de la situación, expresando su agradecimiento a Irán por su firme apoyo y afirmando que no aceptará ninguna agresión que vulnere la soberanía del Líbano.
Mientras tanto, desde París, el presidente Emmanuel Macron advirtió que Francia hará todo lo posible para evitar los peajes en el estrecho de Ormuz. Confirmó que el acuerdo ya fue firmado “electrónicamente” y que los detalles adicionales se finalizarían pronto, anunciando la posible desplegación de una misión conjunta franco-británica para asegurar la reapertura del estrecho.
Macron también se pronunció sobre el uranio enriquecido iraní, indicaron que cualquier capacidad de este tipo debería ser neutralizada con supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Este panorama encapsula un momento crítico en la diplomacia internacional, donde los intereses de varias naciones se entrelazan en un juego complejo de confianza, desconfianza y expectativas a un futuro incierto.
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