El ataque, atribuido a un “fallo técnico”, ha provocado fuertes condenas internacionales y reavivado la preocupación por la seguridad de los lugares de culto en zonas de conflicto.
Tres personas murieron y una decena resultó herida, entre ellos el párroco local, en un bombardeo israelí contra la Iglesia de la Sagrada Familia en Gaza. El templo, uno de los principales lugares de culto cristiano en la Franja, se encontraba acogiendo a familias desplazadas al momento del ataque.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) atribuyeron el incidente a un “fallo técnico” en los sistemas de munición y artillería, descartando error humano y sin imponer sanciones a los soldados implicados. A través de un comunicado, el Ejército expresó su pesar por las víctimas y aseguró que el ataque no estaba dirigido a un objetivo civil. También prometió ajustes en sus normas de fuego en áreas sensibles.
El bombardeo destruyó parte de la fachada, ventanas y tejado del templo, muy cerca de la cruz principal. El Ejército facilitó posteriormente el ingreso de ayuda humanitaria, medicamentos y equipos médicos, y permitió la evacuación de los heridos. Una delegación del Patriarcado de Jerusalén fue autorizada a ingresar a la zona junto a clérigos cristianos.
El Patriarcado calificó el hecho como un “flagrante ataque contra civiles y lugares de culto” y una violación directa de las normas humanitarias. Diversos líderes y gobiernos se sumaron a las críticas. El presidente estadounidense, Donald Trump, consideró el ataque como un “error grave e inaceptable” y pidió explicaciones formales a Israel. Por su parte, el primer ministro Benjamin Netanyahu expresó su pesar, aunque no ofreció disculpas ni anunció nuevas investigaciones.
Desde París, el presidente Emmanuel Macron condenó enérgicamente el bombardeo, recordando que la Iglesia de la Sagrada Familia cuenta con protección histórica francesa. El Papa León XIV también se pronunció, pidiendo el fin de la violencia en Gaza.
La Sagrada Familia es el tercer templo cristiano afectado por bombardeos desde el inicio del conflicto, tras la iglesia ortodoxa de San Porfirio y una iglesia baptista, lo que ha intensificado las críticas sobre la conducta del Ejército israelí en zonas urbanas densamente pobladas y cercanas a infraestructuras civiles.
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