El conflicto en Medio Oriente vive un nuevo capítulo de tensión luego de que el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, anunciara que el ejército reforzará el cerco militar sobre la Ciudad de Gaza. En un comunicado difundido por medios israelíes, el funcionario lanzó una advertencia contundente: “Esta es la última oportunidad para que los residentes de Gaza que lo deseen se trasladen al sur y dejen a los operativos de Hamás aislados en la ciudad”.
La declaración, acompañada de la amenaza de considerar a quienes permanezcan en la zona como “terroristas y colaboradores”, coincide con el anuncio del ejército israelí de que cerrará el último acceso al norte de la Franja. Hasta este miércoles, se permitirá el paso hacia el sur sin inspecciones, con la intención de evacuar a quienes aún no han podido abandonar la ciudad.
La medida llega apenas días después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentara en la Casa Blanca un plan de 20 puntos para intentar poner fin a casi dos años de guerra. Dicho plan prevé un alto el fuego inmediato, la liberación de rehenes en un plazo de 72 horas, el desarme de Hamás y una retirada gradual de las tropas israelíes. Sin embargo, Hamás aún evalúa la propuesta y, de momento, no ha emitido una respuesta oficial.
La reacción de la organización islamista no se hizo esperar frente a las palabras de Katz. En un comunicado, Hamás denunció que las advertencias israelíes son “un preludio de crímenes de guerra contra cientos de miles de residentes inocentes, incluidos mujeres, niños y ancianos”. También acusó al gobierno de Israel de actuar con “arrogancia y desprecio hacia la comunidad internacional”.
La ofensiva militar ha dejado hasta ahora cerca de 66 mil muertos en Gaza, de los cuales más de 20 mil son niños, según cifras de las autoridades locales respaldadas por organizaciones humanitarias. La comunidad internacional, con voces que van desde relatores de la ONU hasta gobiernos de distintos países, ha comenzado a calificar la operación como un posible genocidio.
Mientras tanto, la población civil sigue enfrentando el drama del desplazamiento forzado, con miles de familias obligadas a abandonar sus hogares en medio de los ataques. El futuro inmediato parece pender de un hilo: de un lado, el endurecimiento de la ofensiva israelí, y del otro, la posibilidad de un acuerdo impulsado por Washington que, de concretarse, podría marcar un punto de inflexión en uno de los conflictos más prolongados y sangrientos de la región.


