Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han proclamado el establecimiento de “control operativo” sobre el sector norte del valle de Wadi Saluki, un estrecho corredor natural en el sur del Líbano que previamente había sido utilizado por Hezbollah para lanzar drones explosivos y proyectiles contra las tropas israelíes. Esta operación, llevada a cabo por la 7ª Brigada Acorazada y la unidad de comandos Egoz, resultó en la eliminación de más de 50 combatientes enemigos y la destrucción de cientos de infraestructuras militares, así como la incautación de misiles antitanque.
El Wadi Saluki, situado a aproximadamente diez kilómetros de la frontera israelí y enclavado entre Marjayún y Bint Jbeil, ha sido conocido por su relieve quebrado y vegetación espesa, lo que lo convierte en un lugar ideal para emboscadas. Antes de la reanudación de las hostilidades, el valle albergaba numerosas posiciones de lanzamiento y depósitos de armas, considerablemente apoyados por Irán en su equipamiento militar.
La reciente toma del corredor coincide con una ofensiva terrestre que comenzó el 2 de marzo, tras un ataque de Hezbollah contra Israel en represalia a una ofensiva conjunta israelí-estadounidense contra Irán. Desde entonces, la dinámica de la guerra ha visto a las tropas israelíes capturar posiciones estratégicas, incluida la medieval fortaleza del castillo de Beaufort, un hito en la región, y están avanzando hacia Nabatieh, una ciudad clave en la región, considerada bastión histórico de Hezbollah. Un oficial superior del Ejército israelí ha indicado que están preparados para expandir sus operaciones si es necesario.
Este conflicto no es nuevo para el Wadi Saluki; en el pasado, fue escenario de una de las batallas más sangrientas, donde Hezbollah logró destruir varios vehículos blindados israelíes y causó la muerte a once soldados israelíes. La recaptura de este corredor subraya la continuidad de la lucha territorial y el fracaso de los acuerdos de cese de hostilidades que han intentado establecer una paz duradera en el sur del Líbano.
Mientras tanto, los ataques aéreos israelíes sobre áreas civiles han continuado; al menos seis personas perdieron la vida en recientes bombardeos en Abasiya y Deir Qanun al Nahr, en el distrito de Tiro. Desde el 2 de marzo, el Ministerio de Sanidad libanés ha contabilizado 3,711 muertes y 11,483 heridos.
La situación se agrava en un contexto de estancamiento diplomático. Recientemente, se acordó un mecanismo para aplicar un alto el fuego, condicionado a que Hezbollah cesara sus ataques. Sin embargo, la organización rechazó los términos, argumentando que no se contemplaba la retirada israelí ni garantías verificables. Desde la entrada en vigor del alto el fuego establecido en abril, se han registrado más de 3,400 violaciones aéreas israelíes, lo que complica aún más el panorama.
La toma del Wadi Saluki no es un simple episodio táctico; se establece una cuña en el corazón del sur del Líbano que, si se mantiene, podría redibujar el mapa de fuerzas en la región, independientemente de lo que pueda surgir en futuras negociaciones. Las secuelas del conflicto seguirán resonando en la política y la geografía del área, marcando un capítulo crucial en la historia reciente de la región.
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