Israel afronta este domingo un cambio de ciclo tras 12 años de mandatos consecutivos del conservador Benjamín Netanyahu, de 71 años, como primer ministro. La Kneset se dispone a dar un voto de confianza a un nuevo Gobierno integrado por ocho partidos que abarcan todo el espectro político, incluido en primicia uno de la minoría árabe
A pesar de que solo aporta siete diputados a una coalición que deberá estar sostenida por 61 escaños, el ultranacionalista Naftali Bennett, de 49 años, se somete a la investidura en nombre de una heterogénea coalición de fuerzas con un programa de mínimos.
La única amalgama real de este Ejecutivo es apear a Netanyahu antes de que arrastre a los israelíes a unas quintas elecciones en poco más de dos años con tal ponerse a resguardo del proceso que le abrió en 2019 la justicia por fraude y soborno.
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El líder natural de la oposición, el centrista Yair Lapid, al frente de la segunda mayor fuerza de la Kneset tras el Likud de Netanyahu, se sacrificó para ceder a Bennett, a quien duplica de largo en número de escaños, la dirección del nuevo Gabinete durante la primera mitad de la legislatura.
Ambos se turnarán en el puesto dentro de poco más de dos años y gobernarán coordinadamente, con derecho de veto recíproco sobre las decisiones esenciales, mediante un pacto de rotación. En el fragmentado sistema parlamentario israelí hay precedentes de otros gobiernos de unidad nacional. Como el que pactaron hace 37 años el laborista Simón Peres y el conservador Isaac Shamir.
Marcha nacionalista judía en Jerusalén
Sobre el papel, los inestables equilibrios del pacto de coalición a ocho bandas parecen estar compensados. Pero la gestión de la realidad cotidiana pondrá a prueba su consistencia. Bennett y el “Gobierno del cambio” no tardarán en tener que demostrar si son más de lo mismo o representan un nuevo ciclo.
La policía ha autorizado el martes una multitudinaria marcha nacionalista radical judía en la Ciudad Vieja de Jerusalén. No atravesarán el barrio musulmán. Como estaba inicialmente previsto, pero lo bordearán y se concentrarán con banderas de la estrella de David en su principal acceso. Hace un mes, el provocador desfile tuvo que ser suspendido por el disparo de cohetes desde Gaza contra Jerusalén tras un ultimátum de Hamás.


