Israel se prepara para sus elecciones legislativas, programadas para el 27 de octubre de 2026. Este evento político marca un hito significativo, ya que será la primera vez en casi cuatro décadas que se llevarán a cabo comicios nacionales en la fecha establecida por la legislación vigente. Además, será la primera ocasión en más de 50 años en que un gobierno complete su mandato sin ser disuelto anticipadamente.
La confirmación de esta importante fecha fue hecha recientemente por las autoridades parlamentarias durante una sesión de la Comisión de la Knéset. Sagit Afik, asesora jurídica del Parlamento, aseguró que la actual Knéset culminará su mandato completo y no habrá necesidad de aprobar una ley específica para convocar las elecciones. El Parlamento entrará en receso a partir del 17 de julio de 2026, marcando el inicio oficial del período electoral.
La votación tiene implicaciones políticas de gran envergadura para el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien lidera el partido Likud y ha estado a la cabeza del Gobierno desde diciembre de 2022. Este será el primer proceso electoral desde el devastador ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, que desató una guerra en Gaza y alteró profundamente la dinámica política y de seguridad del país.
Netanyahu, el primer ministro con mayor tiempo en el cargo en la historia de Israel, enfrenta un complicado contexto, con un proceso judicial en curso por presunta corrupción y un creciente desgaste político debido al conflicto en Gaza. Las encuestas recientes muestran una caída en el apoyo al bloque gobernante, situando entre sus principales contendientes al ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, quien se perfila como una figura clave en la futura competencia política. El ex primer ministro Naftali Bennett también es mencionado como un potencial aspirante.
El actual gobierno, considerado el más conservador en la historia del país, está compuesto por el Likud y partidos ultraortodoxos, así como formaciones de derecha nacionalista. Durante su mandato, la coalición ha enfrentado múltiples riesgos de ruptura, especialmente en torno al controvertido tema del servicio militar obligatorio para judíos ultraortodoxos. La situación se complicó cuando el Tribunal Supremo dictó en junio de 2024 que el Ejército debía incluir a miembros de esta comunidad tras la expiración de un régimen de excepciones, provocando un conflicto interno en el Gobierno.
A pesar de la presión, la coalición logró mantener su unión después de que los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá retiran su apoyo a una iniciativa de la oposición para adelantar las elecciones. Este intento de disolución fue rechazado con 61 votos a favor y 53 en contra, permitiendo al Ejecutivo completar el mandato iniciado a finales de 2022.
La guerra en Gaza también ha dominado la agenda política en meses recientes, aumentando las necesidades de personal en las Fuerzas Armadas, obligando a ampliar el servicio militar y movilizando a cientos de miles de reservistas. Además, la gestión de la seguridad antes del ataque de Hamas ha sido objeto de escrutinio, con críticas a la eficacia del Gobierno en la resolución del conflicto.
Con 120 escaños en juego, el desenlace de estas elecciones no solo definirá quién asumirá el liderazgo del próximo Gobierno, sino que también pondrá a prueba la capacidad de Netanyahu para continuar con su prolongado liderazgo, que ha marcado el rumbo de la política israelí durante más de quince años.
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