El reciente reconocimiento de Estados Unidos sobre la soberanía de Japón sobre las islas en disputa, conocidas como los “Territorios del Norte” por Tokio, ha reavivado la atención internacional en este antiguo conflicto. El embajador estadounidense en Japón, George Glass, manifestó esta postura el 14 de agosto de 2026, destacando que el respaldo de Estados Unidos a su aliado es firme y constante, especialmente en un contexto regional de creciente interés estratégico.
Esta declaración se produce tras la visita del presidente ruso, Vladimir Putin, a las islas Kuriles del Sur, que Japón reclama como parte de su territorio. Este episodio no solo generó un intercambio de críticas entre Rusia y Japón, sino que también resaltó el delicado equilibrio de poder en el Indo-Pacífico. Glass enfatizó la necesidad de mantener la paz y estabilidad en esta región, al tiempo que se opuso a cualquier acción que pudiera socavar estos objetivos.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, reafirmó la posición de su país, argumentando que los “Territorios del Norte” son parte inherente de Japón, tanto desde una perspectiva histórica como de acuerdo con el derecho internacional. Japón no dudó en convocar al embajador ruso, expresando formalmente su inconformidad con la visita de Putin, quien defendió que las islas son parte integrante de la Federación Rusa, destacando que tales asuntos no deben discutirse con otros países.
El trasfondo de esta disputa territorial remonta a acuerdos del siglo XIX. En 1855, el Tratado de Shimoda fijó una frontera que dejó a Japón con el control de las islas más cercanas a su territorio. En 1875, el Tratado de San Petersburgo concedió a Japón dominación completa sobre las Kuriles, aunque esto cambió dramáticamente tras la Guerra Ruso-Japonesa de 1905 y, sobre todo, al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Durante esta guerra, la Unión Soviética ocupó las islas en disputa, llevando a una deportación forzada de los residentes japoneses entre 1947 y 1949.
El Tratado de San Francisco de 1951 representó un hito crucial; allí Japón renunció a “todo derecho, título y reclamo” sobre las islas Kuriles, aunque el texto no aclaró si esto incluía las cuatro islas del sur en disputa. Esta ambigüedad ha perpetuado la controversia, con Japón sosteniendo que su renuncia no abarca esas islas específicas.
Desde la década de 1950, varios intentos de negociación han surgido, incluyendo la Declaración Conjunta Japón-URSS de 1956, donde Moscú sugirió la devolución de algunas islas, pero Tokio se mantuvo firme en su demanda por las cuatro. A pesar de los compromisos mutuos para resolver la disputa en los años 90, los esfuerzos han sido infructuosos y la tensión ha aumentado, especialmente después de que Rusia intensificara su militarización en las islas desde 2015.
Esta situación se desarrolla en un contexto global complejo, donde la creciente militarización y las posturas firmes de ambos países han colocado el asunto de las Kuriles en el centro de las relaciones internacionales en el Indo-Pacífico. Mientras tanto, Estados Unidos continúa sosteniendo su compromiso con Japón, esperando que la estabilidad pueda prevalecer sobre un histórico conflicto que ha perdurado por más de 150 años.
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