En una librería del distrito de Hongkou, cerca del consulado ruso en Shanghái, se proyecta un documental de la televisión estatal china CCTV que examina la historia moderna de las relaciones entre China y Rusia. La narrativa comienza en 1949, cuando la Unión Soviética se convirtió en el primer país en reconocer la recién establecida República Popular China. En una demostración de apoyo, Moscú envió más de 10,000 asesores técnicos a Pekín, brindando asistencia en diversos frentes, desde la urbanización hasta la industria pesada y la investigación nuclear.
El documental toca brevemente el período de ruptura que tuvo lugar a finales de la década de 1950. Las diferencias ideológicas crearon tensiones que se transformaron en disputas territoriales. Pekín acusó a Moscú de haber trazado una frontera a través de tratados desiguales impuestos por el régimen zarista en el siglo XIX, lo que resultó en enfrentamientos armados en 1969. Esta fractura llevó a China a buscar una relación más cercana con Estados Unidos, culminando en la histórica visita de Richard Nixon a Pekín en 1972.
Praticamente dos décadas más tarde, la visita de Mijaíl Gorbachov en 1989 marcó un momento de descongelamiento en la relación entre ambos países. La normalización se formalizó en diciembre de 1991, justo después de la disolución de la URSS. Durante este tiempo, mientras China se embarcaba en la modernización de su ejército, Rusia, sumida en una crisis económica, buscaba clientes para sus productos. Este intercambio pragmático sembró las semillas de una relación que creció en términos comerciales, militares y diplomáticos.
Sin embargo, el equilibrio del poder se ha desplazado. Cuando Vladimir Putin recibió a Xi Jinping como presidente chino en marzo de 2013, quedó claro que el Kremlin necesitaba a Pekín más que viceversa. Mientras Rusia contaba con recursos energéticos y armamento, China ofrecía algo más crucial: inversión, acceso a mercados y tecnología.
La visita del 4 de febrero de 2022 de Putin a Pekín coincidió con la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno. En ese encuentro, Xi solicitó a Putin que evitara cualquier escalada militar en Ucrania durante el evento. Sin embargo, poco después de la clausura de los juegos, Putin reconoció la independencia de las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk, seguido de la invasión a gran escala de Ucrania. Desde entonces, la dependencia de Rusia respecto a China ha ido en aumento.
Este contexto se hace aún más relevante con la reciente visita de Putin a Pekín, solo días después de que Donald Trump concluyera su viaje a China, un intento de mejorar una relación marcada por aranceles y restricciones tecnológicas. La recepción de Putin por parte del régimen chino resalta su creciente papel como centro de gravedad en la diplomacia global, capaz de comunicarse con Washington mientras mantiene un fuerte vínculo con Moscú.
Con Trump, Xi buscó una tregua en la disputa entre las dos principales economías del mundo. Con Putin, el enfoque es diferente: se trata de profundizar un acuerdo que ambos gobiernos denominan una “asociación sin límites”. Recientemente, el tabloide estatal Global Times señaló que la llegada de ambos líderes consecutivamente a Pekín demuestra que este país está “emergiendo rápidamente como el punto central de la diplomacia mundial”.
Esta relación se ha caracterizado por un vínculo personal distintivo entre Xi y Putin, quienes se han reunido más de 40 veces en la última década, cultivando una conexión personal que va más allá de las simples relaciones diplomáticas. Xi, conocido por su reserva, llegó incluso a catalogar a Putin como su “mejor y más íntimo amigo”.
La llegada reciente de Putin a Pekín incluye una delegación notable con ministros y altos ejecutivos de importantes compañías energéticas. En la cumbre que se lleva a cabo, se abordarán temas económicos bilaterales cruciales, incluido el ambicioso proyecto Power of Siberia 2, un gasoducto destinado a redirigir parte del gas ruso hacia China, previamente destinado a Europa.
Mientras el mundo avanza hacia una multipolaridad en un contexto de creciente incertidumbre, las relaciones entre China y Rusia se perfilan como un factor estabilizador esencial en tiempos turbulentos, como lo ha expresado Li Yongquan, director del Instituto de Investigación sobre Desarrollo Social Euroasiático. A medida que continúan estos encuentros y citas, el papel de China en la configuración del orden mundial se hace cada vez más evidente.
Actualización hasta 2026-05-19.
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