En el derecho existe un elemento silencioso pero poderoso: el tiempo. No habla, no argumenta, pero decide. A través de la figura de la prescripción, el paso de los años puede hacer que se adquieran derechos o que, simplemente, se pierdan. Por eso, entender qué es la prescripción positiva y negativa no es solo un tema de abogados, sino de cualquier ciudadano que quiera proteger su patrimonio o sus derechos.
Primero, hablemos de la prescripción positiva, también conocida como usucapión. En palabras simples, es el mecanismo legal mediante el cual una persona puede llegar a convertirse en propietaria de un bien —generalmente un inmueble— por el hecho de poseerlo durante cierto tiempo, de manera pacífica, continua y pública.
Pongámoslo en un ejemplo cotidiano: imagine que una persona vive durante 10 o 15 años en una casa, la cuida, paga servicios, la mantiene en buen estado y nadie la reclama. Aunque no tenga escrituras, la ley puede reconocerle el derecho de propiedad si cumple con ciertos requisitos. Es decir, el tiempo y el uso generan un derecho – cabe señalará que esto no aplica si existe un contrato de arrendamiento previo-.
Ahora bien, del otro lado está la prescripción negativa. Esta opera de forma contraria: aquí el tiempo extingue derechos. Es decir, si alguien tiene un derecho —por ejemplo, cobrar una deuda— pero no lo ejerce dentro del plazo que marca la ley, pierde la posibilidad de hacerlo.
Un ejemplo sencillo: si usted le presta dinero a alguien y nunca intenta cobrarlo judicialmente dentro del tiempo legal, ese derecho se “apaga”. No importa que la deuda haya existido; el paso del tiempo la borra jurídicamente.
Ambas figuras tienen un propósito común: dar certeza jurídica. El derecho no puede permitir que los conflictos vivan eternamente. Tiene que haber un momento en el que las situaciones se definan, para bien o para mal.
Pero como todo en el derecho, la prescripción tiene luces y sombras.
Entre los pros de la prescripción positiva, destaca que permite regularizar situaciones de hecho. En un país como México, donde muchas personas habitan propiedades sin escrituras formales, esta figura se convierte en una vía para darles seguridad jurídica. Además, premia a quien le da uso y cuidado a un bien, evitando que los bienes queden abandonados.
Sin embargo, también tiene sus contras. Puede prestarse a abusos si alguien ocupa un inmueble ajeno con mala fe o aprovechándose de la ausencia del verdadero dueño. Aunque la ley establece requisitos estrictos, en la práctica no siempre es fácil probar quién tiene la razón.
Por su parte, la prescripción negativa tiene como ventaja principal que evita la incertidumbre eterna. Obliga a las personas a ejercer sus derechos en tiempo y forma. Esto fortalece la seguridad jurídica y evita que alguien viva indefinidamente con la amenaza de una demanda.
Pero también puede ser injusta en ciertos casos. No todas las personas tienen el conocimiento o los recursos para ejercer sus derechos oportunamente. Así, alguien podría perder la posibilidad de reclamar lo que le corresponde simplemente por desconocimiento o falta de asesoría.
En el fondo, la prescripción nos deja una enseñanza clara: en el derecho, la pasividad se paga. No basta con tener la razón; hay que ejercerla.
Por eso, como ciudadanos, es fundamental estar informados. Si usted posee un bien sin escrituras, podría tener la posibilidad de regularizarlo. Y si alguien le debe o le ha causado un daño, debe saber que el tiempo corre, y no siempre a su favor.
El derecho no solo protege al que tiene la razón, sino al que actúa a tiempo. Porque al final del día, en materia legal, el reloj también dicta sentencia. Por que la justicia no solo es teoría, es vida cotidiana.
Finalmente, no puedo dejar pasar la oportunidad para reconocer que la fiesta de los Cuernavacos, llevada a cabo el pasado 27 de marzo, fue todo un éxito. Desde el comité del cual formo parte, agradecemos profundamente a todas y todos los participantes, ya que son ellos el alma de este gran evento, que no es solo un baile, sino una expresión viva de nuestra tradición e identidad.


