A medida que se acerca uno de los eventos deportivos más importantes del planeta, muchas personas han comenzado a escuchar términos como “marca registrada”, “derechos exclusivos”, “propiedad intelectual” y “propiedad industrial”. Sin embargo, pocos comprenden realmente qué significan y cómo pueden impactar la vida cotidiana de comerciantes, medios de comunicación, emprendedores, artistas y ciudadanos en general.
La propiedad intelectual es el conjunto de derechos que protege las creaciones de la mente humana. Dentro de ella encontramos diversas categorías, entre las que destacan los derechos de autor y la propiedad industrial. Mientras los derechos de autor protegen obras literarias, musicales, artísticas y audiovisuales, la propiedad industrial protege elementos relacionados con la actividad comercial y empresarial, como marcas, nombres comerciales, patentes, diseños industriales y avisos comerciales.
En términos sencillos, la propiedad industrial permite que una empresa tenga el uso exclusivo de determinados signos distintivos para identificar sus productos o servicios. Esto evita que terceros se aprovechen de la reputación, prestigio o valor económico construido por una marca.
Precisamente bajo esta lógica, la organización responsable de la Copa Mundial de la FIFA 2026 ha realizado registros y estrategias de protección de múltiples marcas, logotipos, expresiones comerciales, diseños y elementos relacionados con el torneo. Esto significa que ciertos usos comerciales de palabras, imágenes o símbolos vinculados al evento podrían generar conflictos legales si se utilizan sin autorización.
Aquí es importante hacer una precisión jurídica. No es ilegal mencionar el nombre de un evento deportivo en una conversación, en una noticia o en un análisis periodístico. La libertad de expresión y el derecho a la información continúan vigentes. Sin embargo, el problema puede surgir cuando una persona o empresa intenta utilizar esos elementos con fines comerciales, promocionales o publicitarios, dando la impresión de que existe una relación oficial con los organizadores cuando en realidad no la hay.
Por ejemplo, un negocio que promocione productos utilizando nombres, logotipos o elementos protegidos para atraer clientes podría enfrentar reclamaciones por uso indebido de marcas. Lo mismo podría ocurrir con campañas publicitarias, mercancía, souvenirs, eventos paralelos o promociones comerciales que pretendan aprovechar el impacto económico y mediático del Mundial sin contar con las autorizaciones correspondientes.
Los sectores que podrían verse más afectados son precisamente aquellos que tradicionalmente buscan capitalizar los grandes acontecimientos deportivos. Restaurantes, bares, agencias de viajes, empresas de publicidad, medios digitales, comercios de artículos promocionales, organizadores de eventos y creadores de contenido deberán ser especialmente cuidadosos al diseñar sus campañas.
En el caso de los medios de comunicación, periodistas y analistas, la situación es distinta. Informar, opinar, criticar o analizar acontecimientos relacionados con el torneo forma parte del ejercicio legítimo de la libertad de expresión. No obstante, incluso en estos casos resulta recomendable evitar el uso de logotipos, imágenes protegidas o elementos gráficos cuya explotación pueda considerarse comercial.
La discusión también nos invita a reflexionar sobre un fenómeno cada vez más frecuente: el enorme valor económico de los activos intangibles. Hoy en día, una marca puede valer más que edificios, maquinaria o terrenos. Empresas de todo el mundo invierten millones de dólares en construir reputación, identidad y reconocimiento público, por lo que la protección jurídica de esos activos se ha convertido en una prioridad estratégica.
México no es ajeno a esta realidad. Cada vez más emprendedores, profesionistas y pequeñas empresas están registrando sus marcas ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) para proteger el fruto de su trabajo. En una economía donde la competencia es intensa y la presencia digital es determinante, contar con una marca protegida puede representar una ventaja fundamental.
La llegada del Mundial 2026 servirá no solo para atraer turismo e inversiones, sino también para poner sobre la mesa la importancia de la propiedad intelectual y la propiedad industrial. Más allá del fútbol, el evento nos recuerda que las ideas, los nombres, los diseños y las marcas tienen un valor económico real y que su uso indebido puede generar consecuencias legales.
En una sociedad cada vez más digitalizada y conectada, conocer estas reglas ya no es una cuestión exclusiva de abogados o grandes corporaciones. Es una necesidad para cualquier ciudadano, emprendedor o comunicador que participe en el intercambio de información y actividades comerciales. Porque en el mundo actual, las palabras también tienen dueño, y conocer los límites de su uso es parte esencial de una auténtica cultura de la legalidad, pues la justicia no solo es teoría, es vida cotidiana.


