El aeropuerto de Barcelona lo va a tener complicado para tomar altura. Aena, el gestor aeroportuario español y gestor de la infraestructura de El Prat, está cada vez más sola en el proyecto para afrontar la ampliación de la instalación, una actuación necesaria si se quiere ensanchar el tope de capacidad que tienen ahora las dos terminales y las tres pistas de aterrizaje. En juego hay una inversión de 1.700 millones de euros, una nueva terminal satélite en la T1 y la posibilidad de situar Barcelona como un aeropuerto internacional de los vuelos de largo radio, defiende la dirección del aeropuerto.
Pero el argumento no sirve para encontrar aliados fuera de las filas de Aena. En cambio, la postura contraria cada vez suma más apoyos. La oposición frontal de los ayuntamientos que rodean el aeropuerto, El Prat, Gavà y Castelldefels, ha subido de peso con los recientes posicionamientos de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona. Ejercer de consejero en funciones no fue obstáculo para que Damià Calvet, titular del Departamento de Territorio y Sostenibilidad, publicara este miércoles un artículo criticando el planteamiento de Aena para dar más capacidad al aeropuerto. Calvet siembra dudas sobre el cuidado medioambiental que dispensa el gestor aeroportuario a su proyecto y le emplaza a que pruebe los requisitos de protección de los ecosistemas de la zona “con estudios serios y contrastables”.
El Ayuntamiento de Barcelona votó el martes en contra de la ampliación del Josep Tarradellas. “Es antiguo hacer escoger entre economía y ecología”, manifestó la teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, haciendo referencia a la contaminación asociada al tráfico aéreo. Pese a ello, instó a Aena a mantener igualmente la inversión en Barcelona. “Diremos siempre sí a la inversión, pero no a propuestas del siglo XX que no tienen futuro”, apuntó Sanz, de Barcelona en Comú. El PSC, socio de gobierno municipal, sí ve con buenos ojos los planes de Aena, empresa cotizada participada por el Estado que preside el exdiputado socialista Maurici Lucena. “A América, África y Asia no se llega en tren”, manifestó la edil socialista Laia Bonet, defendiendo la inversión y la necesidad de no “cortar las alas”.
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Apenas la semana pasada, el Comité de Desarrollo de Rutas Aéreas (CDRA) presentó un plan de prioridades para los próximos cuatro años para garantizar la conectividad con 19 grandes hubs mundiales y europeos. Se trataba, se dijo entonces, de encontrar nuevas oportunidades de rutas para Barcelona. La Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona forman parte del organismo, junto con Aena y la Cámara de Comercio. Fuentes cercanas al CDRA apuntan que bloquear una ampliación “no tiene por qué limitar la capacidad de ganar nuevas rutas, pero lo hace más difícil”. Esas mismas fuentes señalan que “si viene una aerolínea y solicita operar en una franja horaria determinada, en la que ya no hay disponibilidad, pues no vendrá”.
En las condiciones actuales, con la operatividad de las tres pistas condicionada para mitigar los ruidos sobre las áreas residenciales cercanas, el aeropuerto tiene el techo de capacidad fijado en los 55 millones de usuarios. En 2019 se acercó a los 53 millones. La pandemia cortó en seco la progresión y Aena calcula que no se recuperará la normalidad del tráfico hasta 2025. Con respecto a las dudas que genera la amortización de una gran obra como sería la ampliación del aeropuerto, desde el CDRA no se duda que “la infraestructura se aprovecharía seguro, cada 15 años se dobla el número de pasajeros de la aviación a nivel mundial”.
Miquel Ros es consultor de proyectos relacionados con el turismo y el sector de la aviación y es editor de la web Allplane. “Una vez superemos el bache covid se va a retomar el tráfico aéreo”, vaticina. “Sé que hay gente que cree que viajar y moverse es algo malo, pero discrepo —señala—. Es bueno para la economía y da otros beneficios, por eso el aeropuerto tiene la necesidad de acomodar ese crecimiento”.
Fomento del Trabajo se ha erigido en altavoz para presionar a las administraciones de cara a asumir la ampliación del aeropuerto de El Prat que plantea Aena, de forma que se pueda ampliar su capacidad hasta los 70 millones de pasajeros anuales. “Ya basta. Sí a la ampliación del aeropuerto del Prat”, clamó hace unos días su presidente, Josep Sánchez Llibre, que busca el consenso con otras entidades barcelonesas para defender el proyecto.
Las servidumbres medioambientales, y la sensibilidad de la zona natural de la Ricarda, condicionan la prolongación de las pistas. Aena ofrece compensaciones trasladando la zona natural más al interior, ganando hectáreas verdes, pero la propuesta no convence. Y el tiempo corre. Aena quiere enviar la documentación al Consejo de Ministros en septiembre.
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